Boris Izaguirre cautiva al público a su paso por El Ejido

Boris Izaguirre, sobre el escenario del Auditorio, acompañado por Julia Ibáñez y Manuel García./I. A.
Boris Izaguirre, sobre el escenario del Auditorio, acompañado por Julia Ibáñez y Manuel García. / I. A.

El popular escritor presentó su última novela, 'Tiempo de tormentas', en un acto donde habló de su Venezuela natal, de su infancia y de su dislexia

INMACULADA ACIÉN

Fue más de una hora lo que Boris Izaguirre estuvo sobre las tablas del Auditorio de El Ejido desgranando su último libro Tiempo de Tormentas, pero también hablando de otros aspectos de su vida. Sin embargo, el tiempo se pasó volando escuchando a este carismático y popular escritor venezolano, llegado a España en 1992 y que pronto se convirtió en todo un fenómeno mediático en este país, con su participación en Crónicas Marcianas.

De aquel momento habló Izaguirre que reconoció a preguntas del público que lo que más le gusta de España es el sentido del humor, así como «lo bella y real que es». Sin embargo, también reconoció que cuando cambias tu país por otro, como hizo él, «pierdes en los dos, nunca volverás a ser la persona que fuiste en tu país de origen y nunca serás realmente de ese país que te acoge o al que tú también decides acoger. Creo que el proceso de integración es uno de mis grandes defensas en la vida porque yo lo he experimentado en mis propias carnes».

En este sentido, con Tiempo de Tormentas, Boris Izaguirre narra los episodios más duros de su infancia, de su temprano éxito y de los aspectos más desconocidos para el público de ese Boris «Showman». Una autobiografía en la que desnuda su alma y cuya verdadera protagonista es su madre, Belén Lobo, sobre la que el autor habló mucho en la noche del jueves.

«Pensaba que quizás la gente no iba a entender cuando yo les diga que voy a contar la historia de un cuadro que se llevaron de mi casa, pero me fui dando cuenta que sí tenía mucha solidez y que exigía mucho y ahí es donde entra lo muy real que es compartir la relación que mi madre y yo tuvimos, porque fue una relación igual de única y de distinta como la historia que acompaña al cuadro», señaló Boris Izaguirre.

Un cuadro que le regaló un artista a sus padres y que después de varias décadas, el artista, que se hizo muy famoso a causa de su relación con el Chavismo, reclamó a la familia de Boris afirmando que no fue un regalo, fue un préstamo.

Una tragedia muy íntima que en la visión del escritor y de su madre, que para Izaguirre refleja muy bien lo que ha pasado en Venezuela. «Nunca me iba a imaginar que a medida que me iba acercando al final del libro iba a ser tan importante Venezuela para la comunidad internacional. Yo creo que es la esencia del libro».

Asimismo, Boris Izaguirre confesó que cuando fue a visitar en los últimos días de su vida, aquejada por un cáncer, «mi mamá me agarró la mano muy fuerte y me dijo que no podía creerse que se iba a morir en una dictadura y que había nacido en una dictadura. Y ahí sí que yo dije que tenía que escribir este libro por mi mamá y en cierta manera también por mi papá y por esa Venezuela que en un momento dado quisimos construir».

Junto a esa Venezuela del pasado, Boris Izaguirre también ofreció su visión sobre la actualidad que vive su país. Sin embargo, no fue el único tema que abordó a preguntas del público. Su dislexia también centró parte de la atención en su encuentro con los lectores. «No solo nací gay, sino también disléxico y mi madre, como bailarina, lo detectó en el acto porque estaba acostumbrada a ver a la gente moverse y veía que yo me movía de forma torpe».

En este punto, el escritor venezolano explicó que durante la elaboración del libro fue muy triste para él «recordar ese niño que desde muy temprana edad estaba decidido a escribir y no podía aprender a leer, porque las letras no dejaban de moverse por la dislexia». El secreto del artista para conseguir su meta estuvo en su madre, no solo por su pronta detección, sino porque buscó ayuda y especialistas. «Mi mamá fue como una pionera», apuntó Boris Izaguirre quien confesó, arrancando las risas del público, que la primera palabra que leyó fue «puta». Tras un encuentro interesante, divertido, curioso, cargado de anécdotas, y cercano, el escritor firmó su libro a los asistentes que lo desearon.