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Ramon Molins, durante el espectáculo. Fotografías cedidas por Espacio Abierto: marcosGpunto/Madrid Destino
«El Testamento es una buena ventana a la posibilidad de emocionarse y divertirse»

Ramón Molins, director y actor

Festival de Teatro de El Ejido 2024
«El Testamento es una buena ventana a la posibilidad de emocionarse y divertirse»

El Teatro Municipal acoge hoy desde las 20.30 horas la puesta en escena de 'El Testamento', una obra donde se funden emoción y risas

Inmaculada Acién

El Ejido

Jueves, 23 de mayo 2024, 17:19

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El 47 Festival de Teatro de El Ejido afronta desde este jueves su tercera semana de espectáculos de sala. Esta noche, el grupo Zum Zum Teatro llega al Teatro Municipal, para compartir con el público un espectáculo con el que pretende despertar la emoción, pero también las risas. Desde las 20.30 horas, Ramón Molins dará vida a un personaje con el que muchos se sentirán identificados, en 'El Testamento', con entradas aún a la venta.

–'El Testamento' fue galardonada en los premios de la Feria Europea de Artes Escénicas para niños y niñas y en los premios Drac d'Or de la Feria de Títeres de Lleida. ¿Es una obra para niños, para adultos o para todas las edades?

–Es un espectáculo donde el contenido es absolutamente apto para todos los públicos, pero nosotros lo recomendamos para adultos, porque consideramos que son quienes más van a aprovechar todo el contenido. Si tienes cierta edad vas a ser más participe de todo lo que se está contando, porque es un espectáculo que va sobre la vida y su recorrido, por lo que cuanto más hayas vivido, más empatizas con el relato y más entiendes ciertos aspectos y reflexiones.

–¿Cómo definiría, por tanto, 'El Testamento'?

–Manolo, al que interpreto yo, hace un recorrido por su vida, explicando los hechos más importantes o que conducen a la respuesta a una reflexión que es el disparador a la hora de montar este espectáculo. Todo el espectáculo se construye alrededor de una pregunta que es si realmente hay que morir para dejar algo en herencia. El espectáculo intenta dar esa respuesta. Por ello, Manolo explica los hechos que más le han influido en su vida, con un objetivo que va mucho más allá de que el público conozca esa vida, y que pasa por provocar que cada espectador haga un recorrido por su propia vida y ponga en valor los momentos, hechos y episodios más importantes.

–¿Cuándo se habla de la niñez, se puede situar en un período concreto de la historia o es más una reflexión emocional de esa etapa?

–Los referentes musicales, los referentes de las cosas que suceden, del tipo de escuela y educación que describe, ya sitúan la obra en una época, pero lo importante es la vivencia de lo que va pasando a lo largo de los años y cómo esos recuerdos de ese personaje llevan a la gente a conectarse con sus propios recuerdos. Yo hablo de una vida que se sitúa en un barrio obrero de Lleida, de mi ciudad, pero cuando estoy explicándolo en Galicia o Andalucía, se demuestra que es igual la edad y el sitio donde vives, las experiencias y las etapas de la vida son compartidas.

–Un espectáculo en el que el protagonista se acompaña solo de un mueble con cajones, de donde va sacando esos elementos que le ayudan a recordar las etapas de su vida.

–El escenario es una especie de tarima-mueble, con cajones llenos de objetos que por sí mismos no significan nada, pero a los que nosotros les damos un valor. Los objetos importantes son aquellos que están cargados de un valor afectivo. Esos objetos ayudan a construir el relato, cargados de emoción y recuerdos, y al final la arquitectura del espectáculo se va armando a través de ellos.

–En una sociedad consumista como la actual, casi que se convierte en un reto meter en una caja tus recuerdos, no?

–Sí, la verdad es que tengo 58 años y por mi vida han pasado muchísimos objetos de un valor y otro, pero te das cuenta de que las cosas importantes las puedes explicar a través de muy pocas cosas y que cuestan muy poco dinero, o no... En el proceso de producción de este espectáculo me he encontrado con sorpresas como tener que pagar 20 euros por un rollo de papel higiénico.

–¿Cómo?

–Hay muchos objetos que salen que yo conservaba, pero hay otros de una época que yo quería que estuvieran presentes y los he tenido que buscar. Uno de ellos era un rollo de papel de WC de la marca Elefante, que es un objeto que a mí me evocaba mucho una época muy concreta, parecía más papel de lija que higiénico. Buscando, encontré mucho, pero el más barato costaba 20 euros, cuando en la época no valía nada. Cada vez que salgo a escena y pongo este rollo de papel encima de la tarima, noto si hay gente de más de 45 o 50 años. Si hay un runrún entre el público es que es un recuerdo compartido.

–¿Si tuviera que quedarse con un objeto de su niñez cuál sería?

–Uff, yo no tengo hijos, pero eso es como preguntarle a un padre o una madre a cuál de sus hijos quiere más. Me quedaría con cualquiera de los que salen e incluso con cualquiera de los que fueron descartados. En el espectáculo sale un doble retrato de mis padres y me podría quedar con eso. Las fotos a mí siempre me han conectado mucho. Siempre me gustó revolver el cajón de fotografías que había en casa de mis padres, en blanco y negro y preguntar hasta la saciedad quienes eran los que salían en ellas.

–El Testamento es, por tanto, un repaso por su vida real.

–Sí, El Testamento es una ficción sobre una realidad, porque todo lo que se dice en el espectáculo es cierto. Podría ser también falso, pero para mí era más fácil que fuera cierto. Lo difícil ha sido escoger los momentos. Al final de la vida de cada uno de nosotros se podría hacer una serie mucho más larga que Juego de Tronos porque vamos cargados con un montón de vivencias y no terminan.

Este espectáculo se ha producido con un equipo de dramaturgia y dirección de cuatro personas. Al principio, durante la pandemia, hicimos un proceso muy largo vía zoom de explicar la vida, explicar los episodios, reflexionar sobre ellos y seleccionar. Recogimos mucho material y uno de los problemas grandes fue descartar momentos.

–Es su primer paso por el Festival de Teatro de El Ejido.

–Hemos estado en El Ejido, pero no en el Festival de Teatro de El Ejido. Yo invito a todo el público a venir a ver El Testamento, creo que es una buena manera de pasar una hora y una buena ventana a la posibilidad de emocionarse y divertirse a la vez. Tiene un título que pesa un poco, pero El Testamento no es un espectáculo sobre la muerte, sino sobre la vida. Creo que es un espectáculo en el que uno se puede divertir y emocionar a partes iguales y que al final la proporción de una cosa y de la otra es absolutamente personal. Que vengan, que compartiremos una hora muy cerquita los unos de los otros y que al final, si lo quieren, podemos charlar y compartir las vivencias que hemos tenido unos y otros.

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