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Javier Gutiérrez recibirá esta tarde, tras el espectáculo, una Butaca de Honor. Sergio Parra
«Para mí el teatro es gasolina, cada cierto tiempo necesito subir al escenario»

Javier Gutiérrez, actor

Festival de Teatro de El Ejido 2024

«Para mí el teatro es gasolina, cada cierto tiempo necesito subir al escenario»

Esta tarde llega al Auditorio de El Ejido la obra 'El Traje' de Javier Gutiérrez y Luis Bermejo, una obra donde el humor negro también será protagonista

Inmaculada Acién

El Ejido

Sábado, 11 de mayo 2024, 22:48

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Javier Gutiérrez y Luis Bermejo protagonizan esta tarde la obra 'El Traje' en el marco del 47 Festival de Teatro de El Ejido. Desde las 18.30 horas el Auditorio de El Ejido acoge la puesta en escena de esta obra que arranca en el primer día de rebajas en unos grandes almacenes de la capital. Además, a la finalización de la obra, Javier Gutiérrez será homenajeado con la Butaca de Honor.

–Estamos ante una obra que ya tiene 10 años, pero sigue subiéndose a las tablas. Pocos sitios ya les quedarán por recorrer con ella.

–Creo que es una obra que tiene plena vigencia. Cuando se la encargamos al autor y director Juan Cabestani hace 10 años teníamos en mente hablar de la corrupción política de este país porque nos preocupaba como ciudadanos y como creadores. Después de más de 12 años y aunque la corrupción política no sé si está ya entre las mayores preocupaciones del ciudadano porque estamos algo anestesiados por desgracia, creíamos que era el momento de volver a subir al escenario un texto como este. Además, con el tiempo, nos hemos dado cuenta de que, aunque la corrupción política está presente, ahora toman más importancia temas que estaban medio agazapados en el texto y que después de un confinamiento, de una pandemia y de varias crisis económicas también cobran importancia como la soledad del individuo, la deshumanización de la sociedad o la brecha generacional entre padres e hijos. De todo ello se habla sin perder nunca de vista el humor más negro, marca de la casa de Juan Cabestany.

–Por tanto, además de denunciar esa corrupción política, la obra también lleva implícita una crítica social.

–Nos inquieta este momento vital que estamos viviendo en el que parece que lo que prima es el sálvese quien pueda, sin empatizar ni ponernos en los zapatos del que tenemos al lado. En una entrevista que le hicieron al pintor Antonio López, le preguntaron si de la pandemia íbamos a salir mejores como personas y como sociedad, y contestó que absolutamente no. Visto lo visto, nos hemos dado cuenta de que hemos salido incluso peores, más egoístas, menos empáticos con el otro, y más pendientes de nuestros propios problemas, sin tener en cuenta lo que nos rodea.

Fíjate que la gente de la cultura sirvió como bálsamo en su día, tanto en el cine, la música e incluso las series de televisión o el teatro. Yo llegué a hacer teatro por streaming, y se valoró mucho en aquel momento, pero parece que todo se ha olvidado. Como sociedad creo que no hemos aprendido mucho de aquello y lo que nos parecía importante entonces ahora lo desdeñamos.

–Con qué reflexión quieren que se marche el público.

–Seríamos ilusos si pretendiésemos o pensáramos que el teatro va a cambiar algo, pero sí es cierto que además de entretener y de divertir, tiene que servir de acicate y generar cierto meneo cerebral. Espero que el público se divierta, pero que le quede un cierto poso de reflexión cuando salga del espectáculo. Llevamos con él desde septiembre y hemos recorrido ya media España. Aún nos queda hasta el mes de diciembre, y lo que tenemos comprobado es que la gente se lo pasa muy bien, pero también hay cierta amargura en esa mueca que se le queda pintada en la cara al salir de la función, porque realmente si indagas un poco acerca de lo que has visto en el escenario, por un lado mueve a la risa, pero también a la desazón.

–Está teniendo muy buena acogida esta gira.

–Está mal que lo digamos, pero sí está siendo un éxito de crítica, de público y estamos muy contentos. No sabíamos que iba a suceder y cuál iba a ser el camino de la pieza después de 10 años, pero creo que hemos acertado de pleno.

–Comparte escenario con Luis Bermejo en un mano a mano.

–Sí, Luis es un viejo amigo de la vida y de las tablas. Creo que es uno de los grandes actores de este país, que maneja los resortes de la comedia como pocos, y es una auténtica gozada compartir con él escenario. Hace un personaje muy disparatado que funciona muy bien con el público.

–¿Cómo es el personaje que interpreta usted?

–Para poner en antecedentes al lector, la historia transcurre en el primer día de rebajas. Hay un empresario de perfil bajo, que soy yo, que tiene un encontronazo con una señora a la hora de elegir un traje, porque es uno de los últimos que quedan. En ese encontronazo han tenido una pequeña reyerta y no se sabe muy bien lo que ha pasado con la señora, lo que sí se sabe es que la señora se ha encontrado indispuesta y se la han llevado, y a él lo han bajado a los sótanos del centro comercial para someterlo a un interrogatorio. Ese es el comienzo del espectáculo. A partir de ahí comienza un combate dialéctico, circense y casi pugilístico, porque hay incluso una pelea entre el personaje que interpreto y el que interpreta Luis Bermejo.

–90 minutos sobre el escenario los dos solos.

–Sí y se pasan en un suspiro. La función es trepidante, está llena de ritmo, pero también de pausas muy interesantes para el espectador y son 90 minutos que a nosotros nos dejan exhaustos, porque lidiamos con muchísimo texto a un ritmo vertiginoso, pero que hace las delicias del espectador.

–¿Qué supone para usted el teatro?

–Para mí el teatro es gasolina, cada cierto tiempo necesito subir al escenario. De hecho, en los últimos años, suelo hacer una producción cada año y medio o dos años, enlazando una con otra, porque creo que es importante no perder ese vínculo con el público y con nuestro oficio. El actor en una serie de televisión es una pieza de un engranaje, pero en el escenario, cuando se levanta el telón, eres responsable del proceso creativo y máximo responsable casi de lo que ocurre sobre las tablas junto con el director de escena. Es algo que me gusta tener presente.

–¿Recuerda la primera obra de teatro que ha visto o que más le ha impactado?

–Yo tengo una idea muy romántica del oficio, que quizás no comparto con la gran mayoría de jóvenes que quieren ser actores. Me vine a Madrid desde Ferrol, con muy poco dinero en el bolsillo, pero lo primero que hice fue irme al Teatro Español, que es una de las catedrales del teatro de nuestro país, y me gasté 150 pesetas para ver a José María Robledo, uno de los grandes nombres de la escena española. Si hoy un chico o una chica me preguntase qué tiene que hacer para ser actor, lo primero que le diría es que viesen a los grandes referentes o a las grandes figuras de nuestro teatro y les diría que no se perdiesen ni a Lola Herrera ni a Pepe Sacristán, actores y actrices con más de 80 años que siguen subiéndose a diario a defender un texto y un personaje. Me parece un acto de amor hacia esta profesión en el que yo me reconozco pese a ser de otra generación. Años después me he visto sobre ese mismo escenario y cada vez que subía no perdía de vista el gallinero donde con 18 años, recién llegado a Madrid, soñaba con ganarme la vida como actor.

–¿Hay algún personaje concreto al que le gustaría dar vida?

–Sí, en el teatro tengo varios, desde Calígula a Ricardo III o a Edmond. En cine y televisión me gusta más dejarme sorprender.

–¿Qué le diría al público?

–Que siga disfrutando de su festival. Me parece muy interesante que haya espectáculos de tanta calidad y ojalá sigan por mucho tiempo teniendo interés por ir al teatro y por cuidar su Festival.

Con respecto a nuestro espectáculo, que si se acercan van a pasar muy buena jornada teatral, donde se van a reír y a divertir, y van a reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos y sobre el mundo que estamos construyendo entre todos como sociedad.

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