Pepe Viyuela durante la representación de Tartufo. / R. I.

ENTREVISTA

«El tartufismo de la hipocresía y la falsedad está muy presente en nuestras vidas»

Tartufo llega hoy al Auditorio de El Ejido en el marco del 45 Festival de Teatro en una apuesta por un clásico que está muy vigente en la actualidad

INMACULADA ACIÉN El Ejido

Pepe Viyuela protagonizará esta noche la puesta en escena de Tartufo en el Auditorio de El Ejido en el marco del 45 Festival de Teatro de El Ejido. Un clásico de Molière que, dirigida por Ernesto Caballero, promete divertir pero también hacer pensar al público asistente.

–¿Cómo cae Tartufo en sus manos y qué le atrae de este personaje para interpretarlo?

–Ernesto Caballero, el director de la función, quien me llama, me lo propone y yo ya había trabajado antes con él, nunca había hecho una función de Moliere. Era algo que me apetecía mucho porque era Molière y porque era un personaje tan significativo, tan interesante, tan divertido como Tartufo. Es algo que no te puedes negar cuando te lo ofrecen. Es demasiado tentador.

–Una de las peculiaridades de este montaje que dirige Ernesto Caballero es que el texto está en verso. Usted también es poeta. ¿Fue algo que le atrajo también del papel?

–Hombre, me atrajo que fuera la primera vez que Molière se fuera a representar en verso en España, porque normalmente Molière se representa en prosa, porque es más fácil hacer una traducción de verso a prosa, sobre todo, de un género tan complicado como es el alejandrino francés. Verterlo en verso en castellano tiene que ser complicado y esto tan solo lo había hecho el Abate Marchena a principios del siglo XIX. Era un texto que nunca se había representado aquí y Ernesto, que lo encuentra, cree que es un buen momento para hacerlo y añade un aliciente más a la representación.

–Se mezclan verso y prosa.

–Sí, hay un personaje que no habla en verso, que es Dorina, la criada. Es un personaje traído hasta nuestros días y ella habla en prosa muy coloquial y muy contemporánea, con lo cual se produce bastante contraste entre el verso octosílabo de Marchena y la prosa de este personaje.

–Muchos están acostumbrados a verle en papeles más amables y simpáticos, sin embargo, este Tartufo es malo...

–Sí y me encanta, como yo creo que a la mayoría de los actores nos encanta jugar a cambiar. Yo creo que es el gran aliciente de esta profesión, el poder cambiar de personajes y divertirte tanto con unos como con otros. Unos porque son simpáticos, muy graciosos, y otros porque son muy malos. Todo el mundo sabe que estamos contando una historia y yo no me identifico en absoluto con Tartufo en la medida que no comparto su forma de actuar, si bien todos tenemos algo de Tartufo. Pero quizás porque no me identifico con él, es tan divertido hacerlo, porque exploras actitudes distintas que normalmente en tu vida no utilizas. Tartufo lo hace de manera descarada y abierta y en ningún momento se siente culpable. Y es también interesante para el público ver interpretar a los actores personajes tan polarizados. La sorpresa y ese carnaval permanente es bastante interesante.

–Tartufo es una de las grandes obras de Molière, un autor que destacaba por su comedia crítica. ¿Es una crítica que también se puede aplicar en la actualidad?

–Ernesto Caballero es lo que ha pretendido, mostrar que la función tiene una vigencia total en estos momentos. Este tartufismo de la mentira, la hipocresía y la falsedad está muy presente en nuestras vidas a través de las redes sociales, de este mundo tan virtual en el que estamos cada vez más inmersos y que se parece cada vez menos a lo real y más a lo aparente. Creo que es una obra muy pertinente para estos momentos y que tiene probablemente mayor vigencia incluso que cuando fue escrita. Vivimos en un momento de fake news, de mentiras, falsedades, postverdad y Tartufo habla de eso: del engaño para conseguir objetivos de todo tipo.

–¿Estamos en una sociedad cada vez menos la crítica?

–Creo que somos muy críticos, pero hay tanta basura en nuestra cabeza y en nuestros dispositivos tecnológicos y tanto ruido que por muy críticos que seamos este tsunami permanente de información, contra información, desinformación, nos anual. Estamos en un momento muy complicado por muy críticos que queramos ser. Esta avalancha constante y esa imposibilidad de contrastar y saber qué es verdad o qué es mentira, cuánto hay de verdad o de mentira en lo que se cuenta.

–¿Pero se enfoca esa crítica más a lo banal?

–Nuestra capacidad crítica está muy condicionada por la cantidad de información que estamos recibiendo y posiblemente no seamos críticos con lo importante por muchas veces lo importante ni siquiera lo vemos. Yo ahora mismo tengo más una sensación de desorientación que de información veraz de las cosas, porque de quién te fías, depende de quién lo diga puede estar tendenciosamente enfocado. Dudo más de lo que confío en la mayor parte de las cosas.

–Esta obra incorpora algunos fogonazos de conexión con el público. ¿A qué se refiere?

–Nos dirigimos al público directamente en algunas ocasiones, rompiendo esa cuarta pared del teatro. En la función hay veces que actuamos sabiendo que hay un público pero no refiriéndonos a ellos y hay otros momentos en los que directamente les hablamos mirándoles y les planteamos algunas dudas y cuestiones. No les demandamos que nos den una respuesta, pero comentamos con ellos lo que le está pasando al personaje en ese momento por la cabeza.

–Cine, televisión, teatro... Siempre existe un espacio en el que uno se siente más cómodo. ¿Cuál es ese para usted?

–Pues para mí es el escenario sin duda, más allá de cualquier otra cosa, ya sea cine, televisión o el escribir. El escenario es el lugar donde me encuentro más a gusto profesionalmente.

–¿Qué mensaje le lanzaría a aquellos que aún dudan si acudir o no?

–Tienen la oportunidad de ver un clásico, pero con muchísima vigencia y van a tener la oportunidad de pensar y de divertirse. No van a salir indiferentes, sino que en todo caso esa indiferencia va a ir encaminada a lo positivo, les va a gustar la función. Ya llevamos mucho tiempo haciéndola. Estrenamos hace mucho y hemos podido contrastar el resultado de la función y la gente se lo pasa muy bien y luego se van a casa con algo de qué hablar y en qué pensar. Y creo que lo hacemos bastante bien.