Gabriel Giménez en el palco del Pabellón de Deportes de El Ejido. / I. A.

ENTREVISTA

«Que te reconozcan en tu pueblo es lo más bonito que te puede pasar»

Gabriel Giménez será el encargado de abrir oficialmente las Fiestas Patronales de San Isidro 2022 esta noche en el Parque Municipal a partir de las 21 horas

INMACULADA ACIÉN El Ejido

Gabriel Giménez ha llevado el nombre de El Ejido alrededor del mundo como árbitro internacional de Voleibol durante 33 años, impulsor del Instituto Municipal de Deportes y director de Infraestructuras dentro del Comité Organizador de los Juegos del Mediterráneo Almería 2005. Esta noche, este ejidense de pro se convertirá en Pregonero de las Fiestas de San Isidro 2022. Una edición además muy especial ya que las fiestas patronales regresan después de dos años de pandemia.

–¿Qué se siente al ser elegido pregonero de San Isidro?

–Una alegría muy grande, una sorpresa mayúscula y un miedo atroz a hacer el ridículo. No me lo esperaba y no agradeceré nunca lo suficiente. Para un niño de El Ejido pregonar las fiestas de su pueblo cuando de pequeño veíamos a esos próceres de la patria que venían a hacer los pregones, parecía algo impensable convertirse en pregonero. Muy agradecido y muy orgulloso.

–¿Qué primeros recuerdos tiene de San Isidro?

–Uff... Guardo muchos recuerdos, desde los primeros bailes que nos dejaron bailar, recuerdos de Don José el párroco, al que mencionaré en el pregón, siendo monaguillo, las procesiones de San Isidro llenas de gente y de velas procesionando detrás del santo y que eran tres días de fiesta en los que veíamos cosas que no venían nunca y los cacharricos, los coches de choque. Es otro San Isidro. Entonces todo el mundo se preguntaba porqué se celebraba a finales de junio cuando no es su fecha, y teníamos que explicar que era por el engalpe.

–¿Qué es el engalpe?

–La polinización manual que se hacía de las parras durante varios días para que cuajaran y donde está ahora Esfera, en esa acera que era donde paraban los autobuses, se ponían los racimos de engalpe, que se compraban para con la caña de bambú engalpar. Los olores eran maravillosos y por eso se cambió para que los agricultores no pararan porque San Isidro coincidía con la fecha de polinización.

–¿Cómo era El Ejido entonces?

–Un pueblo de 6.000 habitantes. Nos conocíamos casi todos, las fiestas eran las fiestas del año, porque San Marcos tenía otras connotaciones. Yo recuerdo de esas fiestas con mucho cariño las carreras de mulos por la calle Lobero. Una fiesta de un día y la fiesta de los animales.

–También recibió la Copa Alcalde en los Premios del Deporte en 2018. ¿Qué distinción le queda por recibir de su tierra?

–La verdad es que son cosas que nunca me esperé y estoy súper agradecido. Hay algo de lo que me he dado cuenta a lo largo de la vida. El dicho 'haz el bien y no mires a quién' es lo más grande que hay. Tanto en mi etapa como docente como posteriormente, cuando alguien me ha venido con un problema, he intentado resolvérselo. Yo siempre he tenido vocación de servicio en todo lo que he hecho y lo que me está viniendo nunca me lo he esperaba, pero bienvenido sea. Un agradecimiento total y además que te reconozcan en tu pueblo es lo más bonito que te puede pasar.

–Hablaba de su etapa de docente. ¿Cuál es la mayor enseñanza que le transmitió a sus alumnos en el tiempo que ejerció?

–Una reflexión con la que comencé cada uno de los 15 años de docencia que he vivido con los alumnos de COU: no prejuzgues al otro, date la oportunidad de conocerlo. A COU llegaban muchos chicos de distintos grupos que no se conocían entre ellos y llegaban con prejuicios hechos. Esa misma reflexión se puede aplicar en cualquier circunstancia de la vida y vas a más feliz, te lo garantizo.

–¿Alguna vez que le sucediera?

–Una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida fue en San Diego, California. Allí llegó un señor con unos vaqueros, un polo, nos pusimos a hablar. Llega el primer día de competición y lo veo presidiendo el acto. Era el presidente de una multinacional. Una persona con un aspecto tan llano, era un hombre poderoso y montado en el dólar. Eso se puede trasladar a cualquier ámbito de la vida. No podemos prejuzgar por el aspecto, tenemos que conocer.

–¿Esa lección para sus alumnos también se puede aplicar a la sociedad de El Ejido?

–A todos y aquí más que en ningún sitio. Es un tema que a mí me cuesta tratar. Aquí hay gente buena, gente no tan buena, como en todos sitios, pero hay un problema cultural y eso está claro y, por tanto, social.

–¿Cuál ha sido la lección que más le ha costado aprender a lo largo de la vida?

–La paciencia y el autocontrol creo que son algunas de las que más. Aprender a ser paciente con algunas cosas. Yo soy muy visceral, soñador, creativo y quiero hacer las cosas cuando hay que hacerlas, no me vale que se alarguen en el tiempo. Me ha costado aceptar que hay personas que llevan otros ritmos. También tengo mucho pronto. Con la edad se vuelve uno más sabio.

–33 años dedicados al arbitraje de Voleibol. Fue el primer español en arbitrar una final olímpica. ¿Cuáles son algunos de los mejores recuerdos que guarda de esas más de tres décadas?

–Yo al deporte y al vóley en particular no le puedo estar más que agradecido, porque me ha permitido tener conocimiento de otras culturas, países y formas de ser. Al arbitraje le debo muchas lecciones de vida, a parte de las deportivas. He participado en Juegos Olímpicos, Campeonato del Mundo y todas aquellas competiciones que te puedas imaginar. Nunca pensé que un niño de El Ejido pudiera tener la oportunidad de terminar en el Círculo Polar Ártico o Seúl.

Tuve la fortuna, por hablar español, de ser árbitro invitado en cuatro Juegos Panamericanos, que van de Canadá a Argentina y dan la clasificación de jugar Juegos Olímpicos. Son los Juegos más importantes en el mundo después de los Juegos Olímpicos. Eso me sirvió para que luego me invitaran a otros países a hacer lo mismo. He sido el único árbitro europeo invitado a la Copa de América organizada por la ESPN. Suiza fue la primera experiencia tras sacarme el carné Internacional. Y sobre todo el conocimiento de persona. Pero quizás de lo más orgulloso que estoy es del conocimiento que he podido tener de toda Hispanoamérica y que no entiendo esa hispanofobia que hay ahora cuando en los 90 había un sentimiento de orgullo y de atracción por todo lo español. Aunque Cuba lleva 60 años de dictadura, le debemos algo fundamental y es la conservación del idioma. El arbitraje para mí ha sido una lección de vida.

–¿Y anécdotas?

–Recuerdo algunas muy simpáticas. En el año 92, antes de los Juegos, en la Liga Mundial fui a arbitrar un Rusia-EE UU. Llegamos al hotel y solo había para desayunar sardinas y café churri. Menos mal que los americanos llevaban de todo. Y comimos y bebimos gracias a lo que llevaban los americanos. Pero en la cena de gala tras la competición sí que había botellas de vodka, las que quisieras.

Yo he llegado a pitar un partido entre la República Democrática (DDR) contra la Unión Soviética.

Otra que recuerdo fue en Japón, en un campeonato del Mundo en el que se inauguraba un pabellón. Al gobernador de Tokio, que ha pagado el pabellón tan maravilloso que tienen, con aire acondicionado en los asientos, hace el saque de honor y falla contra la red, va a hacer el segundo y el speaker dije: no, su tiempo ha terminado señor gobernador. Eso pasa en España y se lía. Vivir todo eso te da una riqueza extraordinaria.

–Formó parte también del Comité Organizador de los Juegos del Mediterráneo Almería 2005.

–Aquí nos responsabilizamos de las sedes de Fútbol y Baloncesto. De hecho, la FIFA y la FIBA tenían aquí su sede, que nos daban las cinco de la mañana haciendo las actas de los Comités de Competición. Fue un magnífico ejemplo de colaboración entre administraciones e interministerial. Hubo muchas personas clave, pero dos especialmente que entendieron lo que significaba para España, Andalucía y para Almería, que fueron Juan Antonio Gómez Angulo, Secretario de Estado, y Santiago Martínez Cabrejas, alcalde de Almería, porque por encima de cualquier cosa estaba Almería y por eso se pudieron hacer las obras que se hicieron y por los precios que se hicieron. Como director de Infraestructuras, tuve la suerte de participar en la construcción del Pabellón de los Juegos del Mediterráneo, en todo el Estadio y pista anexa del Estadio Mediterráneo y poder contar con la financiación como nos permitieron fue extraordinario. Y el poder organizar el tema de sedes e infraestructuras. Fue una experiencia muy bonita porque conocí un mundo muy apasionante.

He tenido la suerte de tocar muchos temas que me han hecho completamente feliz.

–Ahora con el tiempo... ¿qué supuso aquello para El Ejido?

–Para El Ejido supuso primero un reconocimiento extraordinario de nuestra dotación de infraestructuras y de nuestra organización. La suerte que teníamos era que en El Ejido con José Andrés al frente y con el IMD la gente no tenía dudas de que aquí no hacía falta hacer nada, que lo teníamos perfectamente controlados. Luego significó una movilización muy bonita. El Ejido fue el primer municipio que se adhirió a la candidatura de los Juegos y pagó el millón de pesetas. Y también nos sirvió para que fuéramos sede oficial de Baloncesto y Fútbol, que lo quería todo el mundo. En baloncesto incluso disfrutamos de los torneos internacionales previos a los juegos. Fue una magnífica publicidad para la práctica deportiva. De hecho, el presidente del Consejo Internacional de los Juegos Mediterráneos (CIJM), Amar Addadi personalmente me lo dijo y por ahí guardo todas las cartas de felicitación que nos mandaron. Y lo más bonito es que pudimos hacer participar las distintas Juntas Locales.

–Fue impulsor del Instituto Municipal de Deportes de El Ejido

–Es una de las grandes satisfacciones que tengo personalmente. Yo propuse ponerle Instituto porque significaba una institución destinada a un fin, mientras que Patronato tiene un fin más paternalista. En nuestro caso el fin era la promoción deportiva en todos los niveles y estructuración del deporte. Lo que más me enorgullece del IMD es que no lo cuestiona casi nadie y que todo el mundo sabe que es útil.