Dorita Gómez. / I. A.

Entrevista - Dorita Gómez

«Me quedo con el valor de las mujeres ejidenses»

En el año 69 nacía la asociación 'Amas de Casa', la primera asociación de El Ejido, cuando aún era una pedanía de Dalías y que durante mucho tiempo fue lo más cercano a una administración local

INMACULADA ACIÉN El Ejido

En 1969, en plena Dictadura española, un grupo de mujeres valientes, solidarias y comprometidas con la tierra en la que vivían, aunque para algunas no fuera la que les vio nacer, surgía la asociación 'Amas de Casa', la primera asociación de El Ejido, cuando aún era una pedanía de Dalías. Al frente de ella estaba Dorita Gómez.

Más de 50 años después todos aquellos proyectos que consiguieron hacer realidad en el municipio y con los que contribuyeron a hacer mejor este municipio se recogen en un libro que se presenta hoy a las 12 horas en el Auditorio de El Ejido. 'Heroínas ante el espejo' se convierte en un reflejo de la Asociación de Amas de Casa en la transformación de El Ejido

–¿Cómo era El Ejido en 1969?

–El Ejido tenía entonces no llegaba a 4.000 habitantes. Era una pedanía de Dalías y no tenía nada, ni un árbol. Yo recuerdo que la única carretera asfaltada era la General, actual Bulevar. Ibas andando de la General a la Iglesia y eran todo cactus y piedras. En la vida había visto un pueblo sin árboles.

–¿Por qué deciden crear la asociación?

–La única manera de tener fuerza era tener una asociación y nos pusimos manos a la obra. El único movimiento asociativo que había en la provincia era las Amas de Casa de Almería, les pedimos los estatutos y empezamos como una delegación. Pero a los pocos meses vimos que era inviable que para cualquier cosa necesitábamos ir a Almería y entonces pedimos la autonomía.

Hicimos la asamblea en el Hotel Persa, que era el único que había. Repartimos media cuartilla a cada una que votó a quien creyó conveniente.

El nombre más votado fue el mío y yo elegí mi directiva no entre mis amigas, sino que decidí hacerlo entre las personas que habían sido más votadas, me pareció ético que si habían sido votadas, había sido por algo.

–Y se convirtieron en un balón de oxígeno para El Ejido...

–Casi hasta asumimos la administración local porque si faltaban bombillas en algún lugar, venían a decírnoslo, nosotros le pedíamos a Solís que fuera a ponerlas y al final de mes nos pasaba la cuenta.

Recogíamos dinero haciendo cenas, llevando un teatro que hicimos con los niños a Adra, Roquetas, realizando tómbolas con cosas que nos regalaba la gente...

Pusimos hasta bancos para los abuelos que no tenían ni donde sentarse. Recuerdo que los primeros bancos los pedimos a una Casa de Santander. Pusimos dos bancos a los lados de la Iglesia, que ya no continúan después de toda la reestructuración. Y en la plaza Cervantes también pusimos unos cuantos bancos y toboganes, porque los niños no tenían ni juegos.

–Se quitó la espinita de los árboles...

–Había un vecino que perforaba y no nos cobró nada por perforarlo todo de manera que toda la calle Granada la pusimos toda de árboles. Lo bueno es que todos los vecinos colaboraban de maravilla. Les pedíamos que ellos los cuidaran y regaran. Y había un señor, José, que nos controlaba y coordinaba todo, sin sueldo, únicamente cuando llegaba Reyes le regalábamos un jersey o una camisa. Y ahí siguen esos árboles. Como eso cantidad de cosas.

–La Banda de Música también tuvo vuestro sello.

–Sí, la Banda de Música la iniciamos nosotros. Conocimos a Don Víctor, que era director de la Banda de Música de Almuñécar.

Le dijimos a Don Víctor que queríamos crear una Banda de Música en El Ejido y se venía todos los sábados de Almuñécar desinteresadamente, sin cobrar absolutamente nada, al Salón Parroquial. Compramos cuatro instrumentos para que empezaran los niños a tocar.

Un día me dijo que se había enterado de que en un pueblo de Valencia iban a cambiar todos los instrumentos. Costaban 100.000 pesetas. Llamamos a Serafín Mateo, que estaba en Agroponiente, le contamos lo que necesitábamos. A los pocos días nos aprobaron esta ayuda y Don Víctor fue a Valencia cheque en mano, revisó los instrumentos y se vino con instrumentos para los niños. Era la década de los años 70.

Don Víctor tenía contacto con el Director del Conservatorio de Bilbao, don Timoteo Urrengoechea, que además era un gran compositor, y le pedimos si podía hacernos un himno para El Ejido. No nos cobró nada y está registrado en la Sociedad de Autores el Pasodoble de El Ejido.

Se estrenó en el Salón de las Monjas con la presencia del Delegado de Cultura de UCD.

Cuando vimos que no podíamos llevarlo todo, nuestros maridos hicieron la Agrupación Musical Ejidense, que es la que hay actualmente, cuyo núcleo fuerte eran las personas de la Banda.

–¿Por qué ahora este libro que recoge estos y otros muchos proyectos que hicieron realidad?

–Surge de una forma emotiva y con el objetivo de poner en valor todo lo que hicimos. Hemos hecho tanto y la mayoría de las personas, incluso los nietos, no saben realmente la profundidad de lo que estuvimos haciendo. Incluso compañeras antes de fallecer me pidieron que escribiera un libro contando todo lo que hemos hecho en El Ejido, que quede constancia. Así que me puse manos a la obra y me he emocionado muchas veces acordándome de cosas que hemos hecho con personas que ya no están, de cómo se implicaban solidariamente, sin grandes carreras universitarias y, al final, lo conseguíamos, con el respaldo de todo el mundo y por supuesto de los maridos, y el respeto de las instituciones, porque sabían que lo hacíamos de forma altruista.

–¿Por qué 'Heroínas ante el espejo'?

–Porque verdaderamente han sido unas heroínas y el espejo refleja esa parte espiritual que tienen, de solidaridad, convivencia y ayuda. Ese espejo deja reflejos de la calidad de persona de cada uno.

–¿Con qué se queda de estos años de la asociación?

–Me quedo con el valor de las mujeres ejidenses y con haber podido hacer realidad tantos y tantos proyectos.