Algunos de los alumnos del SEK Alborán que participan en el proyecto con Acoes Honduras.

Cuando el profesor es un niño que está a miles de kilómetros de distancia

Estudiantes delSEKAlborán se convierten en profesores para ayudar en el refuerzo académico de jóvenes hondureños que buscan en la vuelta a los estudios una forma de mejorar su vida

INMACULADA ACIÉN El Ejido

Hace algo más de un año el confinamiento que vivió el país provocado por la irrupción de la pandemia de la covid-19 convirtió a las nuevas tecnologías en herramientas fundamentales para poder continuar con la educación de niños y jóvenes, y que colegios, institutos y universidades no detuvieran su actividad. Un hecho al que el SEKAlborán le ha dado un giro de tuerca. Y es que un grupo de alumnos de Primero de Bachillerato echaron a andar este pasado curso un proyecto de refuerzo educativo dirigido a ayudar a estudiantes de los que les alejaban más de 8.000 kilómetros de distancia.

Echaba a andar así 'Light for Honduras' de la mano de Acoes, una organización sin ánimo de lucro que desarrolla proyectos educativos con los que fomentar la solidaridad y el desarrollo integral del ser humano en los sectores de población más desfavorecidos. En este sentido, entre los proyectos solidarios que Acoes Honduras desarrolla se encuentra el de facilitar una oportunidad para aquellos jóvenes y adultos que no pudieron iniciar o continuar sus estudios debido a la falta de recursos económicos o por razones de edad, que los excluyen.

Miguel Ángel Doña y Ainhoa García, estudiantes de Primero de Bachillerato del SEKAlborán fueron los encargados de iniciar un proyecto que actualmente cuenta con unos 20 alumnos participantes y que alcanza a cerca de medio centenar de estudiantes recibiendo apoyo educativo. «Damos lengua, inglés y matemáticas, divididos por grupos, a estudiantes que han suspendido esa asignatura y les cuesta», explica Ainhoa García, quien explica que suele haber un profesor por cada tres estudiantes pero «hay veces que solo se conectan dos porque hay que tener en cuenta que allí tienen muchas dificultades técnicas para tener acceso a la conexión, a veces se les va la conexión y es bastante difícil».

Sin embargo, «lo más importante es que reciben las clases con mucha ilusión y así nos lo transmiten también los profesores», destaca Miguel Ángel Doña, quien apunta que muchos de esos alumnos viven situaciones extremas en su país. En esta línea, García explica que las personas a las que les dan clase es gente que normalmente trabaja por las tardes para mantener a su familia y a las que conectarse a una clase «les supone esfuerzo extra, pero nos dicen que ver que nosotros tenemos tanto compromiso y esfuerzo, hace que ellos también lo tengan y pese a todo se conecten».

De hecho, esa amplia necesidad de refuerzo que encontraron en los estudiantes de Honduras llevó a estos dos estudiantes del SEKa buscar apoyo en sus compañeros de Cuarto de ESO para implicarlos también en el proyecto y poder llegar entre todos a ayudar a más personas.

«Decidimos apoyarnos en los alumnos de Cuarto de la ESO porque son gente que tiene ganas de colaborar y ayudar, y darle continuidad en el tiempo al proyecto, para que pueda seguir los próximos años», indica Ainhoa García.

Y la respuesta no se hizo esperar. Fueron muchos los que se animaron a formar parte de este proyecto, como Paloma Ríos que le dio clases a una chica de 17 años. «Yo tengo 15 y ella con 17 me contó que tiene un hijo del que tiene que cuidar y también cuidar de su madre que está enferma. Al final nosotros les ayudamos pero ellos también nos enseñan que lo que hay que hacer es apreciar más las cosas».

En esta misma línea, Natalia Pérez añade que «al final son ellos también los que nos dan clase a nosotros y eso es lo que hace que queramos seguir viviendo esta experiencia».

Un proyecto que más allá de la educación, se cimenta en el valor de la cooperación y de cómo unos jóvenes ejidenses convertidos en profesores están poniendo su granito de arena para que otros no abandonen la escolaridad y miren a un futuro de oportunidades.

La educación en Honduras es «el chaleco salvavidas» de la población

«En Honduras lo que más falta es educación y educación de calidad». Así de claro se muestra Kevin Barahona, uno de los integrantes de Acoes Honduras y responsable del proyecto 'Light for Honduras' que están desarrollando junto a alumnos de Primero de Bachillerato y Cuarto de la ESO del SEK Alborán.

Así, Barahona explica que «la educación en Honduras cuesta mucho dinero, porque no tenemos educación completamente gratuita». Por ello, la labor que realiza esta oenegé es fundamental para ayudar a que la educación llegue a muchos niños que de otra manera no la tendrían, pero también, como en este caso, a ayudar a aquellos jóvenes o adultos que quieren retomar sus estudios para conseguir prosperar en la vida.

«Buscamos alumnos que no hayan podido continuar con su formación durante un número de años porque hayan tenido que trabajar o no tuvieran dinero para costearla», indica Barahona. Y en ese camino la ayuda que durante este curso han brindado los alumnos del SEK Alborán se ha convertido en fundamental.

En este sentido, Saúl Cruz, responsable también de este proyecto en Acoes Honduras, señala que él tuvo la oportunidad de graduarse en la universidad con 21 años, «pero hay personas que con 40 o 50 años están aún en su educación media». Es por ello que añade que «el proyecto tiene bastante futuro porque los estudiantes lo piden y lo importante es que los estudiantes de aquí están dispuestos a conectarse», pese a las grandes dificultades que existen con las nuevas tecnologías en el país y especialmente las dificultades que tienen estos alumnos.

En este sentido, Barahona subraya que relacionar alumnos con alumnos ha sido un boom porque se trata de algo diferente al apoyo que normalmente suelen recibir. «Es una forma distinta de ayudar y casi no se explota», comenta Barahona, quien añade que los alumnos hondureños valoran mucho este proyecto por el seguimiento que tiene, por perdurar en el tiempo y por la transmisión de conocimiento.

«Los resultados han superado en mil a las expectativas que teníamos», destaca Barahona, quien señala que precisamente por ello en «las evaluaciones tratamos de darle un peso específico al momento de calificar porque el compromiso de los alumnos del SEK es bastante grande. Preparan sus clases en Classroom, hacen todo lo que tiene que hacer un profesor, tienen sus reuniones, tienen sus horarios, tratan de charlar con los chicos y crear vínculos».

Es por ello que todo el equipo de Acoes Honduras que forma parte de este proyecto espera que la colaboración con los alumnos del SEK Alborán se mantenga en el tiempo. «Somos un proyecto que perdura en el tiempo. Nuestros alumnos se gradúan de Bachillerato, pero siempre vamos a tener alumnos dispuestos a recibir apoyo. Este proyecto a futuro nos ayudaría un montón», asevera Barahona.

En cuanto al desarrollo del proyecto.Son los responsables de los estudiantes hondureños los que establecen quiénes necesitan refuerzo y hacen las derivaciones. «Cuando tenemos problemas con una asignatura se los mandamos a los alumnos del SEKAlborán, ellos trabajan durante la semana y nos reunimos el fin de semana para evaluar y establecer nuevos contenidos, en qué ayudar y cómo, y se aprecia el avance de los alumnos».

Tal es así que ya hasta los propios alumnos piden el refuerzo. «Desde hace tiempo preguntan por los refuerzos, porque la educación en Honduras es un poco complicada y estudiantes que a los 16 o 17 años deberían estar en un Bachillerato, están aún en su Primer o Segundo Nivel de Educación, que no concuerda con su edad», comenta Saúl Cruz.