Carmen Gallardo en el papel de Rey Lear durante un momento de la función.

ENTREVISTA

«El personaje de Rey Lear es tan frágil al final que es muy difícil que lo haga un actor»

Atalaya Teatro llega esta noche al Auditorio de El Ejido con la obra de Shakespeare Rey Lear, el gran texto del teatro universal

INMACULADA ACIÉN El Ejido

Atalaya Teatro regresa al Festival de Teatro de El Ejido tras 23 ediciones para presentar la que muchos han calificado como el espectáculo más potente de las 24 producciones que la compañía ha realizado a lo largo de sus 37 años de trayectoria.

-Rey Lear es el segundo montaje shakesperiano de Atalaya, tras Ricardo III. ¿Por qué de nuevo Shakespeare?

-Porque es el más grande. Shakespeare es el Big Bang del Teatro Universal. Es el Himalaya del Teatro Universal en cuanto a cumbres y el Everest en invierno sería Rey Lear. Es decir, el gran texto del teatro universal. Sin embargo, durante siglos ha estado podado y censurado, se ha cambiado el final con personajes desaparecidos como el bufón. Y todo porque el Rey Lear es una bofetada al poder y una denuncia de los poderes y de los poderosos. Eso durante siglos ha estado muy mal visto y sigue estando muy mal visto, pero afortunadamente desde el siglo XX, de alguna manera, se ha vuelto a recuperar en su esencia el texto de Shakespeare y, por eso, hay muchos estudiosos que lo consideran muy por encima de Hamlet o Macbeth.

-¿Desde qué óptica se aborda?

-Rey Lear es muy actual. Hay una proclama que lanza Lear cuando se queda despojado de su poder y se mete en esa choza de los desarrapados, en mitad de la tempestad, y de repente los ve y dice «poderoso sentir como sienten los miserables, que acabe la injusticia del mundo». Ya me gustaría a mí que un rey en este país alguna vez dijera en su discurso de Nochebuena esa frase.

-¿Es quizás una mirada más oportuna ahora que nunca?

-Sí, totalmente, porque de lo que habla Rey Lear es de la ceguera del padre, del rey, que no se da cuenta cuál es la hija que lo quiere de verdad y las dos que quieren aprovecharse de él y como aves rapiñas sacárselo todo. Cae en la trampa de ellas dos, deshereda y echa a la que lo quiere y se echa en brazos de las otras dos que le quitan todo, hasta la vida al final. Y con Gloucester sucede igual, al alter ego de Lear le pasa igual, al hijo que realmente lo quiere lo deshereda y al que acabará con él y su vida, lo encumbra.

Esa ceguera es una metáfora y en nuestros días no solo los que están arriba son ciegos, sino que a veces el propio pueblo es ciego. El propio pueblo que va a las urnas y vota a personajes como Donald Trump, Bolsonaro o como el presidente de Polonia que quiere salirse de la UE. Ahí es el pueblo el que demuestra que está ciego. La ceguera es muy peligrosa y está mucho en nuestros tiempos.

-A lo largo de cuatro décadas de trayectoria han recorrido el mundo entero. ¿Dónde es más exigente el público?

-El más entendido que no el más exigente está en Moscú y Pekín. Las dos ciudades están por encima de Nueva York, Londres, París, Buenos Aires. Moscú y Pekín es donde el público entiende más de teatro. Fuimos a Moscú con Celestina y Pekín con Divinas Palabras. En Moscú ni se sobre tituló y la reacción tanto durante el espectáculo como en coloquios posteriores fue de decir que están en otro nivel, a años luz de España en teatro.

-Dicen que es el espectáculo «más potente» de las 24 producciones que llevan a lo largo de sus 37 años de carrera. ¿Por qué?

-Tiene que ver con la calidad del texto. El texto es el que más calidad tiene de todos los que hemos trabajado. Luego, además, se han dado una serie de circunstancias propiciadas por esa calidad del texto.

Cuando haces un texto con calidad te contamina en el buen sentido, te inocula esa poesía, esa potencia visual que tiene.

En Rey Lear hay nueve personajes y cada uno de ellos podría ser el protagonista de una obra. Lear o cualquiera de las tres hijas de Lear, Gloucester, el alter ego de Lear, o cualquiera de los tres hijos de Gloucester, el bufón, el Conde de Kent. Cualquiera de ellos podría ser un personaje protagonista de una obra. No conozco un texto que tenga tanta riqueza de estudio de diferentes personajes y tanta riqueza en ambientaciones y calidad literaria. Eso ha propiciado que la música que hemos elegido funcione muy bien, que la escenografía y la coreografía funcionen muy bien, que los coros que interpretan los actores le aporten mucho. Y todo ello ha propiciado que el espectáculo sea el más potente de nuestra trayectoria y, no en balde, tuvimos dos años seguidos ocho nominaciones a los Premios MAX.

-¿Qué opina de los Premios MAX?

-Los premios MAX como el otro día denunciaba el Director del Instituto Cultural de Valencia, en Danza sí se reparten más, pero en Teatro siempre se quedan en Madrid, como mucho Barcelona. Pero ni siquiera Nuria Espert, que es la gran dama del teatro en España ha tenido un premio Max, con lo cual a mi modo de ver, los premios MAX están bastante desprestigiados por el hecho de que se quedan en Madrid siempre.

-En la historia hemos visto muchos personajes femeninos interpretados por hombres, pero uno masculino por mujer, como es Carmen Gallardo con Rey Lear, no es tan común.

-Sí, pero a los cinco minutos de espectáculo ya se ha olvidado todo el mundo de que es una actriz, cuando no pasa que ni siquiera se dan cuenta al principio, porque tienen una calidad de energía y 'animus' al principio tan violenta y déspota que es casi andrógino. Que conste que seguimos queriendo plantear que es un hombre, no es que sea un personaje sin sexo, pero es un personaje que lo importante es su evolución, porque pasa por diez etapas diferentes, desde la más despótica y violenta, al principio también de orgullo y falsa bondad, hay una parte de locura, de desesperación, de lucidez, una parte de gran sabiduría, otra de extrema fragilidad. Da igual que sea un actor o actriz, a los cinco minutos nadie lo piensa.

De hecho, me ha sucedido una anécdota. Una hija mía en el Teatro Calderón, escuchó a dos señoras en el patio de butacas diciendo 'qué manía de estos modernos de poner ahora actrices en papeles de hombres, como si no hubiera actores'. Bárbara, mi hija, les pidió que al terminar le dijeran qué les había aparecido y al final se dirigieron a ella para decirle que tenía razón, que es igual que fuera una actriz, es fantástica.

-No hay, por tanto, otro trasfondo más allá para esa decisión.

No. Nuria Espert lo interpretó y Glenda Jackson también, pero grandísimos actores como Ian McKellen o Anthony Hopkins no han dado con la tecla. Incluso en España algunos actores como Alfredo Alcón, entre otros, que es un grandísimo actor, tampoco lo consiguió. Han sido interpretaciones un tanto sobradas de testosterona en todos los casos. El personaje de Rey Lear es tan frágil al final que es muy difícil que lo haga un actor.

De hecho, el único caso que hemos visto es un actor ruso, Innokenti Smoktunovski, en una película de Grigori Kózintsev, que nos ha inspirado mucho y además ese actor tiene un enorme parecido con Carmen Gallardo. Tanto es así que, por los rasgos, podría parecer más una actriz que un actor. Este actor ruso sí da esa sensación de extrema fragilidad. Del resto, todo lo que yo he visto en teatro y en cine, no me los he creído al final, por eso decidí hacerlo con Carmen.

-Menos es más sobre un escenario. En esta obra tenemos un escenario con poca decoración que hace que tome aún más protagonismo el actor.

-Pues sí y de hecho lo que tiene son 14 bancos de madera, de casi dos metros de altura y con ellos se van construyendo todos los ámbitos escénicos, porque tiene muchísimos ámbitos escénicos, desde el salón del trono de Lear, hasta la casa de Gloucester, la choza de los desarrapados, el páramo por donde transita loco Lear, el campamento francés, un espacio de batalla. Hay muchos y todos se van configurando con los propios bancos.

-¿Hace esto que sea una actuación más complicada para el actor, que sabe que tiene más el peso de la escena?

-Además, nunca mejor dicho, porque tiene que llevar también el peso de los bancos. Hemos tenido algunas lesiones, que no han ido a más, porque los cogen en peso y son pesados y los mueven muchas veces durante la función. Pero al mismo tiempo les da la posibilidad de ir dándole a la actuación un carácter orgánico, como si fuese un ser vivo que va mutando y son ellos los que lo van cambiando.

-Con la pandemia, ¿ha notado más hambre de cultura?

-Sí que lo he notado. Nosotros hacemos un teatro en Sevilla, TNT que un Centro Internacional de Teatro, con el que nos dieron el Premio Nacional en 2008, y esta temporada que han estado abiertos los teatros gracias al público, pero sobre todo gracias al Gobierno que los ha mantenido abiertos cuando prácticamente en el resto de países de Occidente han estado cerrados a excepción de España, el teatro hemos visto como se llenaba dentro del aforo permitido, muchísimas veces. Yo no daba en el mes de abril de 2020 ni un chavo o en mayo a que fuera a ir el público en octubre, noviembre, diciembre o enero a los teatros con las mascarillas puestas, durante dos horas, respirando dificultosamente. Pero, sorprendentemente, han sido miles de personas las que han venido aquí y millones las que han acudido a los teatros.

-Un mensaje para el público del Festival de Teatro.

-Que vamos a reencontrarnos con ellos después de casi 30 años, ya que no vamos al Festival de Teatro desde 1997, cuando acudimos con 'Elektra', porque después hemos estado con Celestina pero no en el marco del Festival. Entre medias hemos recorrido el mundo entero. Así que vamos con el deseo de que al público le guste nuestro trabajo, que podamos emocionarlo una vez más y que no volvamos a tardar tres décadas en regresar.