Desde el Valle del Loira hasta El Ejido
Una familia ejidense despide el miércoles a un estudiante francés convertido casi en un hijo, Maxime Pasquier, tiene 18 años, estudia un ciclo de Comercio y jamás olvidará los 2 meses que ha pasado en el municipio
Elizabeth de la Cruz
Jueves, 21 de abril 2016, 12:14
Cambiar la ruta de los castillos del Valle del Loira por el mar de plástico que se cierne sobre El Ejido puede no ser tarea ... fácil. Porque contrarrestar la belleza de los lujosos e imponentes castillos que recuerdan el ego presente, hace ya unos cuantos siglos, en las cabezas de los monarcas del país galo, puede parecer complicado en principio, aunque para un joven estudiante francés de 18 años como Maxime Pasquier, lo será aún más olvidar lo vivido durante los dos meses que ha pasado en este municipio, completamente integrado, como uno más, en el hogar de una familia de esta tierra del Poniente almeriense.
Porque Maxime, natural de una localidad cercana a Nantes, estudia primer curso del ciclo formativo de Comercio Internacional y el pasado mes de enero pudo iniciar una pequeña aventura en El Ejido, al acogerse a una de esas becas Erasmus que le llevó hasta el IES Fuente Nueva del municipio. «En clase nos dijeron que habían llegado varios estudiantes franceses que necesitaban una casa de acogida durante dos meses, y como en mi familia ya nos lo habíamos planteado en alguna que otra ocasión, mi hermana y yo decidimos proponérselo a nuestros padres. Hasta sacamos todas las cosas de la habitación de mi hermana para que él tuviera su propio espacio, así que nuestros padres aceptaron». Así explica María José Palmero, una estudiante de 16 años de primero de Bachillerato de Ciencias Sociales en este instituto, cómo junto a su hermana Marta, de 12 años, decidieron 'empujar' a sus progenitores a experimentar un auténtico intercambio cultural. Y contaron con una respuesta afirmativa. «Las niñas llegaron diciendo que un estudiante francés necesitaba una familia de acogida y nos pareció buena idea», apunta su madre, Pepa Echeverría.
El recibimiento Y Maxime agradece el recibimiento enormemente. «Somos cuatro estudiantes franceses y en mi caso pasé varios días antes en casa de nuestro profesor. La verdad es que soy algo tímido pero cuando me fui con ellos me resultó muy sencillo adaptarme. Además, al día siguiente de instalarme en su casa -la de la familia de acogida- celebramos el cumpleaños de Gerardo y allí estaba toda su familia», cuenta en un castellano casi perfecto, notablemente mejorado gracias a esta experiencia.
Gerardo Palmero, el padre de estas dos jóvenes anfitrionas ejidenses asiente con la cabeza al mismo tiempo que no puede evitar esbozar una sonrisa que denota el cariño que este joven se ha ganado a pulso despertar en su familia. «Para él ha sido un salto cualitativo, y para nosotros también ha sido una experiencia muy enriquecedora como familia, nos ha unido más», expresa. Y es que gracias a la presencia de Maxime y al interés de esta familia por que el joven conociera no sólo el municipio, sino la provincia y hasta fuera de sus fronteras, los planes se han multiplicado cada fin de semana. «Lo hemos llevado a Almerimar, a que conociera los invernaderos a través de Clisol Agro, a Cabo de Gata, a la Alcazaba de Almería, La Alpujarra, a Granada para conocer la Alhambra, Málaga, y este fin de semana también tendremos que descubrirle alguna cosa más», enumera Gerardo. Y es que para este padre de familia, que convive con su mujer y sus dos hijas, la «presencia masculina» en el hogar de alguien más además de él mismo, también ha sido muy beneficiosa. Tanto que hasta compartió con Maxime momentos tan especiales para él como su pasión por la astronomía. «Me lo he llevado a ver las estrellas», apostilla, mientras casi al mismo tiempo su hija mayor muestra un cierto resquemor. «A mí no me lleva nunca», dice ella. «Si nunca quieres venir conmigo», le responde de forma apresurada su progenitor. Sin duda el efecto de la presencia de Maxime ha hecho que la familia quiera compartir más momentos juntos.
La gente y las tapas Pero para este joven francés el calor y el carácter ejidense, y por ende, el andaluz y español, también ha calado en el recuerdo que se llevará a su país en apenas unos días. «La gente aquí es mucho más abierta que en Francia, es más simpática y más cercana, te hablan sin conocerte, son amables y hasta te invitan», bromea.
Y qué decir de las tapas. «Me encanta el pulpo, los calamares, en general todo el pescado, también la tortilla, el asado, el tocino», y así una larga y extensa lista que apenas alcanza a terminar. «Y el cocido», añade María José con cierto tono jocoso. Él se justifica. «Está bueno, pero todos los lunes...», intenta disimular. Entonces es cuando Pepa, la madre de la familia, se siente casi en el deber de explicar. «Todos trabajamos y la verdad es que mi madre nos ayuda, los lunes hace cocido», señala mientras todos comparten risas. «Se come las lentejas y el cocido con cuchillo y tenedor», desvela María José mientras Maxime guarda silencio.
Porque las bromas y el buen entendimiento entre todos los miembros de la familia se palpa en el ambiente. Durante la semana, todos aclaran que es un joven muy estudioso y aplicado que no para de realizar trabajos y de llevar a cabo además esas tareas con bastante esfuerzo y dedicación. Pero los fines de semana también toca salir a disfrutar. «Al Ginger», exclama Maxime. No obstante, este francés también saca tiempo para explotar sus virtudes y compartirlas con su familia de acogida. «Les ayuda mucho con el francés», afirma Pepa. «Sí, a mí me gusta mucho el francés y él me ayuda con los trabajos, me ayudó con uno en el que saqué un 9», asegura Marta muy orgullosa. También se atrevió a llevarles incluso un trocito de su gastronomía. «Los crepes y la quiche me salieron muy bien, aunque intenté hacer una tarta y fue un desastre», asevera. El resto de la familia le quita hierro al asunto y recalca sus dotes culinarias. «Eso sí, ellos lo hacen todo con mantequilla, el aceite no lo utilizan», dibujan como otra de las grandes 'diferencias culturales' los miembros de la familia. Sin embargo, toda aventura tiene un principio y un final y el de Maxime en El Ejido llegará este miércoles.
«Tengo muchas ganas de ver a mi novia, a mis amigos y a mi familia pero la verdad es que les voy a echar mucho de menos», se sincera. En cualquier caso, tras terminar su etapa en España, tomará un poco de fuerzas y en mayo pasará otra época, esta vez para realizar sus prácticas en una empresa, en Inglaterra. Eso sí, Maxime ya nunca olvidará el camino que discurre desde el Loira hasta El Ejido.
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