En busca de la gran cadena de los favores solidarios

Una ejidense facilita a una familia con todos sus miembros en paro tener un plato de comida caliente porque tras años de colaboración con colectivos de toda la provincia, ella y su marido decidieron pasar a la acción y ayudar a otros con sus propios recursos

Elizabeth de la Cruz

Jueves, 21 de abril 2016, 12:29

Su respuesta para acceder a la elaboración de este reportaje fue tan clara y contundente, casi como las consecuencias directas que acarrea la labor desinteresada ... que realiza. «Lo voy a hacer porque si hay una persona que lo lee y mira a la puerta de al lado, se preocupa y colabora aunque sea aportando ese plato de comida caliente que siempre sobra y que acaba en la basura, con eso seré feliz». Es su única condición para contar esta historia.

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Noelia Pérez es una ejidense de 33 años, con un hijo de cuatro y agricultora de profesión, que se se califica a sí misma como una persona «solidaria» y muy «empática». «No quiero que la gente crea que lo hago por darme importancia porque mi marido y yo somos dos personas normales, como todas las demás. Simplemente, un día empezamos a ayudar de una manera, y ahora lo hacemos de otra», aclara de forma rápida.

Para ella el gesto de ofrecer ayuda al otro debería producirse de un modo innato. «Me considero una persona práctica. Nos privamos de ciertas cosas durante el año y decidimos gastar ese dinero en los demás», añade. A su juicio, no se trata de tener mucho dinero, sino de saber administrarlo bien y compartirlo con los demás. «Yo no compro todo de marca, ni me permito demasiados caprichos. Aprovecho mucho las promociones y ofertas, siempre pienso que ese dinero que me ahorro puedo dedicarlo a ayudar a otras personas», confiesa.

Y así decidió empezar esta cadena de solidaridad. «Siempre he colaborado con organizaciones y colectivos como ACSA, Cruz Roja, el Banco de Alimentos o la Asociación Pro Comedor Social de El Ejido, pero este año decidí poner un post en un grupo de Facebook para recopilar juguetes para niños de familias con pocos recursos», recuerda. Con 100 euros de su presupuesto familiar, y en común acuerdo con su marido y con su pequeño, esta familia ejidense adquirió una veintena de juguetes para quienes no iban a recibir ninguno la pasada Navidad. «Me encontré 50 euros por la calle así que lo sumé a la cantidad que yo había aportado para que ese dinero se destinara a algo importante y necesario», señala.

Cubrir necesidades básicas

Sin embargo, en su ardua tarea de concienciar a sus amigos y conocidos para que hagan lo propio, esta ejidense y su familia decidieron ir un paso más allá, y hace apenas un mes comenzaron a ofrecer un plato de comida caliente a quien realmente lo necesitara. «Escribí en las redes sociales otra publicación ofreciendo esta ayuda, y me respondió un señor preguntándome si sabía de algún trabajo», relata Noelia.

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Ese señor era Carlos Martín. De origen daliense pero catalán de corazón, este hombre de 57 años de edad volvió a la provincia hace una década en busca de un futuro mejor. «La cosa se torció y mi mujer y mis hijos decidimos volver a Almería, pero aquí tampoco nos ha ido muy bien. Al principio sí, pero hace dos años me detectaron un cáncer y la gente dejó de llamarme. Tras realizarme cinco operaciones, acudo a mis revisiones pero estoy curado, y aunque el cáncer remitió sigo sin trabajo», explica con gran pesadumbre desde la casa en la que vive de alquiler junto a su mujer y a su hijo de 23 años.

Porque ni él ni su esposa, Teresa Rienda, de 56 años, entienden muy bien por qué razón casi todo el mundo les ha dado la espalda. «Trabajé durante más de 10 años en el sector de la limpieza, otros 14 en el textil, incluso aquí estuve al frente de una tienda pero finalmente se traspasó y me quedé sin empleo», apunta Teresa. La misma situación que sufrió su marido. «Fui durante 16 años el encargado de una ferretería, he trabajado como comercial, en el sector de transporte he realizado millones de kilómetros, también fui fontanero, electricista», enumera.

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Pero está cansado. «Desde el pasado mes de septiembre ya no he recibido ninguna llamada para hacer chapuzas ni tampoco para ofrecerme un trabajo, estoy cansado de ir a pedir un empleo a los mismos sitios, de entregar currículums y de que nunca me llamen. Políticamente lo que nos están diciendo es que a partir de los 50 años si ya no tienes trabajo, no lo encontrarás», argumenta.

En cualquier caso, el panorama que se le presenta al hijo que aún vive con ellos en esta casa ubicada en una pequeña localidad del Poniente almeriense, no es más esperanzador. «Mi hijo también está cansado de buscar trabajo y de no encontrarlo. Nunca ha rechazado ningún empleo e incluso cuando ha trabajado en invernaderos le ha dado igual ponerse después enfermo porque es asmático», deja claro Teresa.

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Con 426 euros al mes

La situación de esta familia a día de hoy es insostenible. «Hace unos meses nos cortaron el agua, la luz la intentamos llevar al día pero no sabremos cuánto tiempo podremos seguir así porque vivimos con una ayuda de 426 euros, de los que 300 se van para el alquiler», se lamenta Carlos. Como añade, «de comida sólo compramos huevos, leche, azúcar y patatas».

Al conocer la falta de recursos de esta familia, Noelia y David decidieron hacer algo y ayudarles una vez al mes llevándoles 'tuppers' con «comida caliente» y algunos de los alimentos más básicos para aliviar, al menos en parte, su duro día a día. «Aún no me lo creo, realmente no sé cómo vamos a agradecérselo», cuentan a IDEAL visiblemente emocionados. Y esa respuesta Noelia también la tiene clara. «Me conformo con que si encontráis un trabajo y cambia vuestra situación, vosotros hagáis lo mismo y ayudéis al de al lado», expresa.

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Ella, que además acaba de crear un nuevo grupo de Facebook bajo el nombre, 'El Ejido Solidario', lo único que pretende es que esa cadena de favores tan necesarios crezca.

«Sólo buscamos un trabajo, una opción para poder vivir»

«Hay días que te levantas mejor, optimista, y decides volver a intentar conseguir un trabajo, pero cuando ves que la situación no cambia, entonces te desestabilizas, piensas en tirar la toalla, en quitarte de en medio», reconoce con dureza este padre de familia. Porque la difícil situación por la que atraviesan él, su mujer y su hijo menor, y que se repite en tantos y tantos hogares del país, llega un momento en el que les supera.

«Sólo buscamos un trabajo, una opción para poder vivir», implora. Y añade, «no queremos que nadie nos regale nada, estamos en perfectas condiciones para poder trabajar, yo cuento con herramientas propias, sólo busco una oportunidad». Pero mientras llega o no ese momento, los días pasan y la jornada comienza con una manzanilla como desayuno, el almuerzo se pone en forma de bocadillo con pimientos, hasta que una sopa de pan con Avecrem emula una cena. «La leche la rebajamos un poco con agua para que nos dure más», revela.

A pesar de todo, Carlos y su familia intentan mantener su «dignidad» intacta. «Es lo que nos queda, no quiero pedir, prefiero buscar comida en la basura», manifiesta. Al final, aunque con cierta desconfianza aguardan la dura espera que supone la llegada de un empleo que parece que nunca está cerca.

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