La democracia en la encrucijada

Javier García Fernández, licenciado en Historia por la Universidad de Granada, investigador en Ciencias Sociales, trabaja en la Universidad de Coimbra (Portugal) donde realiza su tesis doctoral sobre Movimientos Sociales, Cambio Político e Historia contemporánea

Javier García Fernández

Jueves, 21 de abril 2016, 12:34

Cada cuatro años se dan unas elecciones generales, pero en pocas ocasiones como en esta se pone en juego un marco de convivencia, como en ... esta ocasión. La pluralidad de opciones con posibilidades reales y los enormes desafíos que enfrentan dichas opciones son los dos ejes que atraviesan las elecciones generales que se celebrarán el próximo domingo 20 de diciembre.

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Por primera vez desde la configuración del actual sistema parlamentario constituido en 1978 se da la circunstancia de que cuatro fuerzas políticas se disputan los primeros puestos de cara a conformar el próximo gobierno del Estado. Esta pluralidad solo puede entenderse en la encrucijada de varias crisis que han afectado a la vida política económica y social de nuestras últimas décadas. La crisis económica que estalla en 2008 trae consigo una profunda reflexión y reformulación de aquellas cuestiones y demandas que la sociedad comprendía como fundamentales en un marco de convivencia saludable y democrático. Esta crisis económica puso en cuestión elementos como la impunidad hacia la corrupción, las políticas de recortes en sanidad y educación y sobre todo el alejamiento más que evidente entre las formas políticas convencionales y los nuevos consensos sociales que emergieron durante la crisis económica.  El indiscutible bipartidismo, la inevitable corrupción, la profesionalización del ámbito de la política  de la noche a la mañana iban a estallar ante nuevos consensos sociales como la falta de representatividad en las políticas implementadas por los gobiernos elegidos en las urnas.

En este nuevo contexto electoral, las opciones convencionales, tanto PP como PSOE siguen sufriendo un proceso de erosión electoral que se viene dando desde las pasadas elecciones europeas, autonómicas y municipales. A pensar de esta erosión, siguen siendo algunas de las opciones principales, debido a su experiencia de gobierno, la estabilidad (y/o fidelidad) del voto convencional, y las dificultades (y/o miedos) que contempla la adhesión social a las llamadas nuevas fuerzas emergentes.  Ciudadanos, y su líder Albert Rivera representa en cierto modo una transición entre fuerza convencional y una nueva fuerza política, ya que a pesar de tener 10 años de antigüedad, esta opción de centro-derecha, salvo en su promesa de lucha contra la corrupción,  coincide de modo más o menos general con el programa político, económico y social de las opciones convencionales. Podemos se plantea como opción articulada desde los procesos sociales emergidos en la última década y especialmente durante el ciclo 2008-2015. A su figura central, Pablo Iglesias le corresponde la difícil tarea de saber conjugar la tensión inherente que se da entre propuestas políticas nacidas desde movimientos sociales y los consensos sociales que articulan la forma que tiene la ciudadanía de comprender la política. Alberto Garzón como candidato de Unidad Popular-Izquierda Unida, se presenta como el candidato más joven con un proyecto de izquierdas, ligado a la tradición del republicanismo español. Pese a su fuerte defensa del Estado del bienestar, los servicios públicos, la igualdad de género y otros valores sociales, carga con las dificultades que IU ha sufrido a la hora de reinventarse en estos tiempos modernos.

Los desafíos a los que se enfrentan estas opciones políticas hacen de estas elecciones un más que evidente punto de inflexión en la Historia reciente de la política española. Jamás el índice de paro se había mantenido en estas cifras con mayor gravedad para el paro juvenil y el femenino con mayor gravedad para el paro juvenil y el femenino, nunca la deuda española había condicionado tanto la política hasta el punto de exigir una transformación de la sagrada Constitución de forma express. Una corrupción constatada como estructural, Una grave abstención y desafección juvenil, hirientemente pronunciada en El Ejido y los pueblos de su entorno. La cuestión de articular políticamente el papel de una Cataluña con un parlamento con mayoría independentista, una nueva emigración forzosa de población universitaria, una sanidad y una educación en proceso de privatización general, y unas instituciones financieras internacionales que continúan exigiendo medidas de ajuste.

Sin duda nos enfrentamos a unas elecciones decisivas que pueden tener como resultado un proceso que profundice en la democratización social, económica e institucional. Suponen, sin lugar a dudas, el fin de un ciclo histórico  y la apertura de una nueva configuración del país en el que viviremos en las próximas décadas.

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