El peluquero de los corazones
No sólo arregla la barba y el cabello de decenas de hombres ejidenses, él alegra la vida de quienes le rodean. Jesús Moreno tiene 38 años, trabaja en la profesión desde los quince, y lleva su labor de forma altruista a quienes, por cuestiones de salud, no pueden salir de casa
Elizabeth de la Cruz
Jueves, 21 de abril 2016, 12:27
«¡Hola familia! Llevo dos semanas arreglando a una persona mayor. Voy a su casa, y su felicidad al sentirse atendido es brutal, eso me ... ha despertado una necesidad de que no sólo él disfrute de ese momento. Me ofrezco a ir a cada casa de cualquier familiar impedido a arreglarlos y de forma gratuita, ya sean ancianos o jóvenes que sufran cualquier problema que les impida desplazarse. Este es mi número: 950 483 133 y me podéis hablar por Messenger de Facebook. No lo penséis. Ellos lo merecen y yo encantado de ayudar. No cuesta nada hacer feliz a personas que lo merecen. En mis dos años de baja entre hospitales noté esa carencia desinteresada que necesitan los que verdaderamente lo pasan mal».
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No son palabras que se digan por decir. Tampoco es el arranque de ningún anuncio o spot publicitario. Es el comienzo de una actuación desinteresada que inició hace dos semanas, y que para Jesús Moreno, peluquero ejidense de 38 años, se ha convertido en una de las tareas que más le llenan a día de hoy como persona. Y como peluquero. Una labor con la que ya ha llegado al corazón de multitud de vecinos de El Ejido. Eso es para él, como confiesa, «lo único que me importa».
Su historia
«A Juan le llamé yo. Iba a ir a su casa a visitarlo tras su operación, y pensé que ya de paso, podía afeitarle y ponerle guapo», explica sin darse importancia con ese buen humor y tono guasón que le caracteriza, el joven peluquero ejidense. Porque Jesús Moreno no es un peluquero corriente en El Ejido. Hijo de padre peluquero, hizo sus pinitos al frente del negocio de su progenitor siendo muy pequeño, y con apenas 15 años se formó en una academia valenciana. «Llevo 23 años en la profesión», aclara. Y desde entonces no ha parado. «Tengo unos veinte clientes al día, pero yo estoy encantado. Para mí, no son mis clientes, son mis amigos. Son muchos años los que llevan confiando en mí y eso me alegra enormemente», señala.
Así, en el año 2008 decidió montar su propia peluquería, un negocio en el que no sólo corta el pelo o afeita la barba. También cuenta chistes y hace locuras, algunas veces por cuenta propia, y otras muchas más, a petición de los amigos. «Hace unas semanas me retaron a que si un vídeo que colgué en Facebook contando chistes alcanzaba las 3.000 visitas, tenía que comprometerme a hacer un monólogo en el pub de unos amigos. Y este viernes tuve que cumplir mi reto», desvela.
Sin embargo, la mala fortuna hizo que el 4 de agosto de 2013 tuviese un accidente con su moto. «No se me olvida la fecha», apunta. Y relata, «venía de San José, de pasar el fin de semana con los amigos, y a la altura de El Corsario, al pasar una rotonda donde había gravilla, la moto se me fue hacia delante, y caí. Entonces me di cuenta que al caer, la chapa de la moto había cogido mi pierna entera, la tenía por encima de la pelvis», recuerda.
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Despertar
A partir de ese momento, y durante los dos años de baja en los que este peluquero ejidense inició un periplo por médicos y hospitales, primero en El Ejido, y posteriormente en Granada capital, a los que se sumaron un total de diez operaciones, marcó un antes y un después en su vida. «Tuve épocas en las que iba en silla de ruedas, con muletas y hasta con andador», concreta. Y entonces se percató. «Había gente que como yo, también necesitaba ayuda». Y una sonrisa. «En realidad todo comenzó ahí, durante esa etapa, eso sí, cuando mi recuperación me lo permitía y ya empezaba a moverme y a salir de la cama, comencé a afeitar a algunos de los pacientes del hospital. Y si no querían que les arreglara, simplemente hablaba con ellos, manteníamos una conversación, nos reíamos», echa la vista atrás con cierta nostalgia.
Se nota que su profesión le encanta. La de peluquero, y la de hacer feliz a todos lo que le rodean. «Durante mi accidente, acababa de divorciarme, y tanto mi hija Lucía, como mi ex mujer, mi familia, mi pareja, mis amigos... Todos se volcaron conmigo, y me apoyaron mucho. Estoy muy agradecido», deja claro.
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A domicilio
Por eso, y a raíz de la publicación que realizó en las redes sociales la pasada semana, animando a llamarle a todo aquel, que como él hace dos años, esté impedido o presente incapacidad de desplazarse hasta la peluquería ya sea por enfermedad, edad, o por problemas de movilidad, ha recibido tres llamadas. Lo hace además de forma altruista, gratis. Con su maletín en mano, y armado únicamente con brocha, peine, navaja de afeitar y tijeras, este peluquero ejidense toca en la puerta de Juan Antonio Sánchez. Abre su tía Antonia García. Una mujer cariñosa y atenta que le agradece, cada tres minutos, la labor que Jesús realiza. «¿Te hace falta algo?», se apresura a decir.
Y Juan Antonio le recibe con los brazos abiertos. «Es mi amigo», matiza el peluquero. Este ejidense, de 39 años de edad, acaba de ser intervenido, hace apenas quince días, del menisco de su rodilla izquierda. También sabe bien lo que es «estar jodido», expone de forma literal. Ambos se entienden. «Juan también sufrió un accidente de tráfico por exceso de velocidad en 2002 y estuvo en coma 38 días. Viajaban tres en el coche pero sólo encontraron a dos. Cuando sus amigos llegaron al hospital dijeron que en el vehículo iban tres, y tuvieron que volver a por él. No lo habían encontrado, estaba inconsciente», revela Jesús. A partir de ahí, Juan Antonio prosigue, «al principio no podía hablar, ni caminar, y aunque hoy tengo una discapacidad del 41%, he mejorado mucho», concluye. Tras finalizar el afeitado de barba y cabeza, su cliente agradecido le invita a un cigarrillo. Le da las gracias y se despiden. «Hasta el próximo día», se dicen.
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Ayer sábado a mediodía, tras terminar una larga y dura semana de trabajo, «aunque yo me lo paso muy bien, estoy muy contento, no me quejo», expresa, de nuevo coge su maletín y el hijo de José Berenguer, de 86 años de edad, traslada a este joven hasta el domicilio de su padre para que «le ponga guapo». La mujer del anciano, Amalia Paniagua, de 81 años, anuncia, «siempre se deja el bigote, llevo con él desde los 17 años y jamás se lo ha quitado». Y eso Jesús también lo respeta porque él es el peluquero de los corazones ejidenses.
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