Antonia y su pascuero de la suerte
«No quería que nadie me lo quitara». Así desvela Antonia Rozas, la mujer con discapacidad intelectual de 64 años de edad, que tuvo en vilo a su familia y a todo el pueblo de El Ejido tras desaparecer en la noche del martes 17 de diciembre cuando se encontraba en la compañía de su hermana y una vecina justo al término de la gala del mayor que se celebraba en esos momentos en el Auditorio del municipio, la incógnita de por qué no soltó ese pascuero durante toda la noche que pasó a la intemperie, tras caer en una acequia en el barrio de Ejido Norte.
ELIZABETH DE LA CRUZ
Jueves, 21 de abril 2016, 12:09
Porque desde ese momento y sin saberlo, se convertiría en su amuleto de la suerte. Y es que como explicaba su propia hermana, Ana Rozas, « ... gracias al pascuero hubo que gente que pudo reconocerla por la calle y darnos pistas». En su caso, no quiere ni volver a recordar cómo vivió tanto ella como su marido, sus cuatro hijos, sus nietos y hasta las vecinas, «que pasaron también la noche aquí en casa conmigo», tal y como aclara, aquella noche del martes en la que por un momento pensó que «sería la última vez que iba a ver a mi hermana».
Como recuerda Ana, «aquella tarde fuimos a la gala del mayor, y estábamos sentadas mi hermana y yo junto a una vecina, pero fui un momento al baño y por lo visto mi hermana me siguió, pero no dio conmigo y cuando nos dimos cuenta ya no estaba por ningún sitio». Visiblemente preocupada y alterada, «hasta una tila tuvieron que darme», apunta esta vecina de La Loma de la Mezquita, natural de Bayárcal, quien sobre las diez y media de la noche de aquel 17 de diciembre decidía acudir a la Policía Nacional de El Ejido para denunciar el caso ya que Antonia cuenta con una discapacidad intelectual de alto grado y siempre sale en compañía de su hermana Ana.
Si bien desde el primer momento, el protocolo municipal llevó a registrar hasta en cuatro ocasiones el Auditorio al completo, «y los alrededores, el perímetro por donde pensábamos que podía estar», señala la concejala de Servicios Sociales, Julia Ibáñez, rápidamente la búsqueda se extendió a todo el municipio. «Lo que más coraje me da es que la encontraron en una zona por donde yo mismo pasé varias veces aquella noche, y no la vi ni la escuché», indica ahora, días después, Eleuterio Fraile, marido de Ana y cuñado de Antonia. Por ello, Policía Nacional, Local y Protección Civil se volcaron para dar con su paradero al igual que los funcionarios municipales, vecinos y particulares, quienes a la mañana siguiente pudieron cerrar al fin este caso con un final feliz, la aparición de Antonia en una acequia ubicada junto a un descampado en el barrio de Ejido Norte, en la que pasó la noche aferrada a un pascuero, «con mucho frío, y mucho miedo», recuerda.
Un matrimonio que paseaba a su perro sobre las diez y media de la mañana por la zona reconoció a la mujer y observó el detalle de que portaba una flor de pascua en sus manos. «Por cierto queremos hacer un llamamiento a quienes le encontraron para que se pongan en contacto con nosotros, nos gustaría agradecérselo», dice Ana. Un pascuero que le sirvió casi de talismán navideño y de los que la concejala ejidense quiso hacerle entrega de varios ejemplares, «porque creemos que le trajeron suerte».
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