Con un ojo abierto y pendiente del campo
No es nada nuevo. Que la inseguridad está presente en el campo se muestra en forma de noticia últimamente casi a diario. Oleadas de robos, hurtos y asaltos en propiedades y fincas de agricultores no solo de El Ejido sino del resto de la provincia, que ya no saben qué hacer ni a quién dirigirse para trasladar una inquietud y una preocupación que va cada día, y con cada nuevo robo, aumentando.
Elizabeth de la Cruz
Jueves, 21 de abril 2016, 12:13
Es el sentimiento que comparte la familia Martín en El Ejido. Tres hermanos propietarios de una finca compuesta por dos viviendas, un almacén, un pequeño ... huerto, e invernaderos en la zona de Tarambana. Una propiedad puramente familiar que cuenta con más de 60 años de historia y que ha pasado ya por tres generaciones mientras la cuarta, ya se lo está pensando. Y es que ya han sufrido más de 30 asaltos en tan solo cinco meses.
Publicidad
Porque como explica precisamente esa cuarta generación, liderada por Francisco A. Martín, hijo de uno de los agricultores cuya finca era asaltada en la madrugada del martes al miércoles de esta misma semana, y aunque ahora mismo trabaja como cocinero «en un futuro quería relevarle, seguir con la agricultura, incluso estoy haciendo el curso para jóvenes agricultores, pero lo cierto es que todo esto me echa un poco para atrás, esta zona esta muy mal, y yo a veces pienso que no sé si a estas alturas lo querría ni regalado, porque nada más que son problemas».
Su tío, José Martín, asiente con la cabeza. Solo en la vivienda que le pertenece de esta finca, los ladrones han entrado «17 veces desde diciembre hasta ahora». En cuanto al botín de lo más variopinto. «Cafetera, butano, lavadora, todas mis herramientas de construcción porque yo antes era albañil como el caballo, la máquina para cortar azulejos, la eléctrica, paletas, martillos, cinceles, hilos, hasta los zapatos para trabajar, guantes sucios....» y añade, «antes de noviembre también me rompieron una banda del invernadero para llevarse los calabacines que estaban a buen precio, e incluso me han quitado hasta el portalámparas que había a la entrada de la casa». Pero ahí no queda todo, «motores, ropa, en este último robo se llevaron hasta las cortinas, sábanas, colchas, 400 vasos de cristal, platos, toda la cubertería, toallas, calzado, calcetines, hasta calzoncillos...», apunta casi bromeando este agricultor ejidense puesto que como reconoce, «ya solo me queda tomármelo con buen humor».
Pero su hermano Francisco Martín, padre de Francisco A., también sufre los asaltos casi al mismo tiempo. Si bien es cierto que en su almacén han entrado en menos ocasiones, el valor del material robado supera los 7.000 euros y como le ha ocurrido a su hermano, el botín que se han llevado los amigos de lo ajeno ha sido asimismo de lo más surtido y lo detalla su hijo. «En nuestro caso se han llevado todas las naranjas y limones del huerto, y por cierto al perro le dieron una paliza. No puedes tener nada ni gasolina en el motor para regar, porque vienen y se la llevan, ahora tenemos que tener una botellita pequeña con el gasoil». Y relata, «vienen a tajo y por temporadas. Se llevan cosas de mecánica y luego ropa. Un día rompieron la puerta y solo se llevaron unos alicates, pero te hacen el daño. Ropa, cañas de pescar, herramientas del invernadero...». Como apunta además a su otro tío, de cuya propiedad se encarga su hija, también le robaron «los carros, herramientas, le quitaron las vallas, se llevaron hierros...».
Eso sí, en el último asalto ocurrido esta misma semana los intrusos optaron por llevarse todas las ruedas de vehículo que allí encontraron. «El remolque se lo dijimos a mi padre, llévatelo, y esta semana nos han quitado todas las ruedas, hasta la de repuesto. También las de un coche que teníamos aquí para arreglarlo, cogieron el motor y las cuatro ruedas del coche», subraya. No contentos con eso, prosigue, «hasta una mobilete que tenía mi padre de cuando era más joven y que yo quería arreglar poco a poco, la han dejado solo en el chasis».
Publicidad
De hecho, como cuenta a modo de anécdota Francisco A., el pasado mes de diciembre pensaban dejar que una familia viviera en una de las casas de la finca con el objetivo de ahuyentar a los ladrones. Sin embargo, tal y como aclara, «llegaron a la casa y dejaron todas sus cosas. Su maleta, un ordenador portátil y todo su dinero, y se lo robaron todo porque como estaba roto el calentador decidieron ir a su anterior casa a ducharse y cuando volvieron ya no había nada». Un hecho que acabó «con un ataque de ansiedad para la familia y de mucho miedo, así que decidieron marcharse», expresa.
Así, y con más de una decena de denuncias interpuestas entre todos los hermanos, la familia Martín ya no sabe qué hacer para evitar que sigan entrando a su propiedad. Tal es su desesperación que como Francisco padre indica, «yo me planteo dejar la puerta abierta, así por lo menos que no me rompan nada más». Y continúa, «ahora no tengo ni luz porque se han llevado el medidor de la luz donde se mete el plomo, porque nosotros quitamos el fusible para que no tuviesen luz y ellos directamente se han llevado el aparato donde iba metido así que ahora estamos a oscuras».
Publicidad
Lo cierto es que precisamente en la oscuridad de la noche, los amigos de lo ajeno campan a sus anchas últimamente hasta varias veces en semana con el objetivo de seleccionar primero el material a sustraer, para posteriormente en un nuevo allanamiento, llevarse lo acordado. Por eso la familia Martín cuando llega la noche apenas puede conciliar el sueño, porque por mucho que lo intenten, y aunque un ojo esté cerrado, el otro sigue abierto y pendiente del campo.
«La única forma de arreglarlo es que busquen dónde y a quién se vende el material»
De unos 30 robos que han sufrido en los últimos meses, la familia Martín reconoce que solo ha denunciado una decena. Como expresan José y su hermano Francisco, la única respuesta que obtienen cada vez que acuden a la Guardia Civil es muy clara. «Que no tienen patrullas suficientes, que necesitan más refuerzos, que El Ejido es muy grande y no pueden abarcarlo todo», enumeran.
Publicidad
Pero para estos hermanos la solución es bastante clara. «La única forma de arreglarlo es que busquen dónde se vende y a quién se lo venden», porque de lo contrario opinan, esta especie de círculo vicioso no tendrá fin nunca.
En otro orden de cosas se encuentra además el tiempo que deben dedicar a interponer la denuncia cada vez que sufren un asalto. «Yo solo he denunciado dos», reconoce José Martín, a pesar de haber sufrido un total de 17 robos. Y es que como deja claro, «no he denunciado todos porque cada vez que voy tengo que perder mucho tiempo, prácticamente toda la mañana, y como sabes que al final no va a servir de nada, pues te marchas porque los nervios te comen».
Publicidad
La opción de contratar seguridad privada tampoco pueden contemplarla. En este caso, Francisco Martín hace hincapié en el hecho de que «la seguridad privada solo en cámaras de vigilancia supone unos mil euros por vivienda, y como tenemos tres nos saldría por lo menos por 3.000 euros, más la cuota de Internet y seguridad privada, por lo que lo que no pierdes por un lado lo pierdes por otro».
Y la otra posibilidad existente, la propuso el más joven, el hijo de Francisco. «Mi hijo quería venir por la noche pero yo le dije que no, porque si yo me encontrara a alguien aquí, no sé lo que pasaría», confiesa el padre. «Así que no quiero venir de noche porque si nosotros nos tiramos aquí un mes durmiendo los cogemos, porque vienen dos o tres veces, y hay veces que han venido domingo, viernes y miércoles, es decir, que sabemos hasta su horario, pero si te los encuentras te buscas la ruina».
Además, como explica, en las ocasiones en las que han decidido dar aviso a la Guardia Civil, el tiempo de espera hasta que han llegado los efectivos no ha sido el más adecuado, según argumentan. «Una vez llamó mi hermano a las dos de la madrugada y hasta las ocho de la mañana no aparecieron, y claro, los ladrones ya se habían ido», apostilla Francisco.
Con todo, y ante una inseguridad e indefensión que hacen patente con sus testimonios, la resignación ya se ha apoderado de sus vidas.
Suscríbete durante los 3 primeros meses por 1 €
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión