Sanadores de corazón

Ellos le restan importancia. «Solo vamos a hacer lo que mejor sabemos hacer, que es operar», se apresura a decir Benjamín Narbona, director del área de Cirugía del Hospital de Poniente. Pero lo cierto es que si no fuese por su ayuda, como por la del resto de profesionales tanto de este centro como del Hospital Torrécardenas que también se han embarcado en este viaje de ofrecer a quienes menos tienen, una oportunidad de curarse, lo difícil sería no reconocer lo que hacen.

Elizabeth de la Cruz

Jueves, 21 de abril 2016, 12:46

Todo empezó hace tres años. Cuando el director del área de Cirugía del Hospital de Poniente decidió viajar para operar en Guatemala a raíz del ... acercamiento que había tenido con la ONG Quesada Solidaria, ubicada en Jaén, y que parece que no solo caló en su persona, porque cuando llegó contó su experiencia e inyectó esas ganas de ayudar en otros profesionales del centro. «Vino contando su experiencia allí y la necesidad que había de que fuese un anestesiólogo, y me lo pidió», recuerda Francisco Álamo, facultativo anestesiólogo del Hospital de Poniente.

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Reacción en cadena

A raíz de aquella primera toma de contacto, explica Álamo, «todo ha sido como una cadena. Llegamos y contamos otra vez la experiencia que habíamos vivido y se sumaron dos enfermeras del Bloque Quirúrgico, y luego otras dos». Y dos de ellas son Eva María Quesada y Esther Salas. Una ya ha repetido y para la segunda, en febrero vivió su primer viaje y ya está pensando en repetir. «Cuando vuelves notas el cambio, porque es todo tan distinto», confiesa Esther un tanto afligida. Y es que lo que allí viven en ocasiones, no es precisamente fácil. Sin embargo, sorprende que para ninguno de ellos eso es algo que realmente tengan presente porque como apostilla Guillermo Verdejo, cirujano del Hospital Torrecárdenas que también se ha embarcado en este proyecto, «son personas muy necesitadas y que si no fuera por estas operaciones no podrían tener esa ayuda».

Porque en el caso de Guatemala, estos profesionales sanitarios realizan más de 300 intervenciones de cirugía general, urología y ginecología durante los quince días de estancia que pasan en la zona. «Hay gente que nos está esperando en la puerta cuando llegamos», señala Álamo. En este viaje, los médicos y enfermeras del hospital intervienen a sus pacientes desde el Hospital Padre Pedro, gracias también a la labor social que desempeña una congregación de franciscanos quienes «van buscando a las personas que necesitan operarse en los sitios de más difícil acceso», aclara Verdejo.

El día a día está bien planificado y no deja lugar a dudas. Operar, descansar, operar y volver a descansar. «En Guatemala operamos en unos quirófanos que están bastante bien preparados, casi que se podrían comparar con los que tenemos aquí, con un personal que trabaja estupendamente bien», subraya el anestesiólogo del Hospital de Poniente. Y continúa su relato, «nos levantamos muy temprano por la mañana a las 6 o 6.30, y a las siete de la mañana se abre el quirófano. Se empieza a trabajar, se para a almorzar, se sigue trabajando y cuando se acaba nos vamos a dormir, eso sí, siempre hacemos una cena con productos de la tierra», reconoce entre risas. Además, no hay lugar para la pérdida de tiempo y por eso el cirujano del Hospital Torrecárdenas concreta que nada más llegar, el primer día «ya planificamos todos los quirófanos que vamos a hacer durante los quince días» una vez se han detectado y valorado todos los casos.

Quizás sea por este motivo por el que como argumenta Verdejo, «tenemos mayor rentabilidad quirúrgica que aquí, porque tenemos muchos más enfermos y los operamos con mayor alegría, sin pensar en el gerente, o en el jefe de Servicio, entonces estamos en un ambiente de trabajo totalmente envidiable, y lo podemos trasladar a nuestra realidad», matiza el cirujano de Torrecárdenas.

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Eso sí, la necesidad que presentan estas personas es más que palpable ya que además de los requisitos que se les exige para poder acogerse a estas operaciones de forma 'gratuita', luego necesitan hacer frente a unos costes que les pueden incluso costar la comida de un día. «La mayoría de estas personas viven con un euro al día y por ejemplo, un electro les cuesta casi tres euros por lo que se tienen que quedar tres días sin comer para hacerse un electro», apunta el anestesiólogo del Hospital de Poniente. De igual modo por este motivo, prosigue, «somos muy selectivos a la hora de pedir pruebas diagnósticas, eso sí, siempre con toda la seguridad y rigor científico, pero hay que tener en cuenta que por ejemplo, hacerse un electro si no lo necesita puede suponer dejar a una persona tres días sin comer».

Nicaragua

Pero la manera en la que poder llevar a cabo esta labor altruista es bien distinta en el caso de Nicaragua. «Allí la organización local está mucho menos desarrollada, es más pobre, todo es más rural, no hay una ciudad, es una aldea en un valle y las condiciones son mucho más precarias», expone el director del área de Cirugía del Hospital.

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«Las condiciones de quirófano son distintas, operamos bajo mínimos, en una nave como si fuera un almacén dividido en dos. Esos son los dos quirófanos», amplía Álamo, el anestesiólogo del centro hospitalario de El Ejido. Tanto es así que como recuerda Narbona, «recuerdo que al principio, cuando se iba la luz, se ponía en marcha un generador como los que podemos ver por ejemplo en los puestos de la feria de El Ejido, y eso daba luz a toda la clínica».

A pesar de todas esas dificultades, y quizás una vez más porque el hecho más real es que ellos tienen en sus manos, la cura tan necesaria, para esas personas sin recursos, que en ocasiones se traduce en una simple operación en Nicaragua pueden llegar a programar 146 quirófanos durante su estancia, que se divide en dos viajes al año, uno en el mes de febrero por el que pasan quince días en Nicaragua y una semana en el mes de septiembre. Pese a todo, como dice Álamo «no queremos que nos doren la píldora, simplemente lo que yo pueda hacer en mi corto espacio de tiempo que es solucionar problemas, y eso es lo que hago». Por eso, ante la pregunta sobre si se consideran salvadores o sanadores del corazón de esas personas a las que con su labor desinteresada ayudan, Narbona responde rápidamente. «En todo caso nos sanan el corazón ellos a nosotros, porque ninguno de los que vamos allí, cuando volvemos, estamos cansados», ensalza. Y porque ponen corazón en lo que hacen, que es hacer ganar en salud, son sanadores de y del corazón.

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