Jorge Guillén.

«Mundos Opuestos es un homenaje a mi abuelo, mi gran maestro»

El Festival de Teatro de El Ejido se acerca al final con una propuesta musical original que fusiona estilos de 'Mundos Opuestos'

INMACULADA ACIÉN El Ejido

La 44 edición del Festival de Teatro se acerca a su fin y lo hace con una original propuesta musical que sorprenderá al público en el Auditorio de ElEjido este viernes desde las 21 horas. Strad 'El Violinista Rebelde' mostrará al público como 'Mundos Opuestos' se pueden complementar de manera extraordinaria.

-¿Cómo es el espectáculo?

-Strad es un espectáculo que a través del violín intenta que el público se lo pase bien y que nosotros mismos nos lo pasemos a la misma vez estupendamente bien. Lo intentamos llevar a cabo pasando por un montón de estilos, que es la música que nosotros hemos escuchado toda la vida, y por un montón de composiciones nuestras, que también hemos querido añadir a este repertorio. Y uniendo todo eso con anécdotas y experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra vida y que mezclan humor con espectáculo musical y visual, con un montaje técnico de una gran producción.

-Una mezcla de géneros.

-Sí. Cuando nos preguntan en qué género nos definimos, la respuesta es en muchos, porque hacemos desde música de Mozart, pasando por AC/DC y Led Zeppeling, hasta música de Falete o Mayte Martín y terminamos con un pasodoble de los Carnavales de Cádiz. No nos definimos con ningún estilo, sino que intentamos mezclar todo lo que nos gusta en un mismo show.

-Ahora es un poco difícil con las mascarillas, pero ¿qué caras suelen ver en el público?

-Pues la verdad que la de sorpresa, porque muchos piensan que vienen a un concierto de violín y se van a echar una pequeña siesta seguro y al final te dicen que son súper fan y se lo ha pasado estupendamente bien, ha bailado y ha cantado. Es verdad que ahora con las mascarillas pues todo es diferente, pero el público creo que agradece salir del teatro con las pilas cargadas. De hecho, nosotros siempre animamos a bailar sentados, que también se puede, y el público lo agradece y sale con las pilas recargadas.

-Además, ahora, en plena pandemia, la música es más necesaria que nunca para alegrar el corazón y el alma.

-Totalmente. Nosotros somos muy afortunados porque no hemos parado realmente. Hemos tenido la suerte de poder seguir girando y prácticamente desde el mes de julio de 2020 tener una gira permanente, pero en cada sitio donde hemos ido, la gente siempre nos ha repetido una misma frase que 'la música es la mejor de las medicinas y me voy feliz'. Eso es maravilloso o decirte que se ha emocionado 'porque hacía mucho tiempo que no iba a un concierto y salgo cargado de energía'.

-Porque además no es solo el violín, se acompaña de más músicos en el escenario…

-Sí, nosotros somos una compañía que igual que mezclamos el repertorio, en nuestro grupo somos personas que venimos de mundos muy diferentes. Yo vengo del mundo más clásico, nuestra bajista Tania que es la bajista de Ara Malikian y de Chambao, viene de un estilo diferente; el batería de un mundo más folk y música más irlandesa; un guitarrista súper rockero que viene de tocar con Zubiri y teclista que es el director musical de Marta Sánchez, Antonio José y mucha gente de un mundo mucho más moderno. Y eso es lo que pretendemos también llevar al escenario, la mezcla de los estilos de cada uno de nosotros, con los que hemos crecido y con los que nos sentimos más identificados.

-¿Y cómo personas que son de géneros tan diferentes coinciden y crean este proyecto?

-Pues realmente Strad nació de una forma peculiar, de una cena de amigos. Con la ayuda de un par de copitas de vino de estas sin alcohol, nos juntamos, nos pusimos a tocar entre sillas y entre mesas, e hicimos una actuación sin haber ensayado nunca, Lo pasamos tan bien que decidimos probar. De eso hace tres años y habremos echo ya unos 500 conciertos o así y ni en el mejor de nuestros sueños nos lo podíamos imaginar.

Yo creo que estamos acostumbrados a escuchar muchos estilos pero a ir a un concierto y solo escuchar ese y no mezclarlo, y creo que es maravilloso poder mezclarlos y que en el público haya un señor mayor, sentado al lado de un niño, o al lado de un rockero y de una persona trajeado.

-Durante el espectáculo son varios violines los que toca.

-Sí. Aunque yo siempre digo que tengo como mi gran amor musical que es el violín con el que más tiempo toco que es un violín del año 1.700, maravillosamente bonito y que suena maravillosamente bien. De hecho, me preguntan si no me da miedo saltar y tirarme por el suelo con un violín tan antiguo. Ese violín ha vivido un montón de guerras y de experiencias complicadas y sigue aquí, posiblemente tenga el alma más rockera que ninguno. Intento combinarlo con la experiencia de violines eléctricos e instrumentos mucho más modernos y esa mezcla de sonidos hace que todo sea más especial.

-¿De dónde surge lo de 'Violinista Rebelde'?

-Eso es cosa de mi madre que cuando montamos el proyecto me dijo 'te vas a llamar el violinista rebelde porque vaya infancia que me has dado', y le hice caso.

-¿Cómo nace 'Mundos Opuestos'?

-Todos mis años de estudio se los debo a mi abuelo, fue mi gran maestro porque desde que yo tenía tres o cuatro añitos empezó a enseñarme y prácticamente hasta hace dos años fue quien diariamente venía a mi casa y ensayábamos juntos. Él al principio de la pandemia cogió la covid y falleció, y yo me planteé hacer este espectáculo que se llama 'Mundos Opuestos' porque siempre me comparaba su vida con la mía y es un homenaje necesario a mi abuelo y a los abuelos en general, que son las personas que más lo han sufrido.

-Además, se puede pensar que lo opuesto son también esos géneros tan dispares que unen y que consiguen que lo opuesto sea complementario…

-Sí, totalmente. Yo estudié clásico y cuando acabé los estudios entré en el Teatro Real de Madrid, en el Teatro de la Ópera, y yo iba trajeado a la ópera y sin que nadie lo supiera me ofrecieron estar a la vez de gira con Extremo Duro o con Maná. En fin, con gente de estilos muy diferentes. Yo en el Teatro Real no decía nada porque si no me iban a mirar raro, pero en mi vida yo combinaba esto hasta que decidí que quería dejar la ópera y tirar por otros estilos. Pero, por supuesto, que son mundos opuestos, pero que en resumen son mi vida.

-¿Por qué el violín?

-Mi familia me ayudó a que me enganchara. Veo las fotos de cuando era un recién nacido y en todas las fotos tengo un violín al lado o estoy abrazado al violín. Es verdad que mi familia es de músicos y hay violinistas. Me mandaban indirectas y yo debí de hacerles caso y me enganché al violín también desde muy pequeñito. No recuerdo el haberme decidido por el violín, sino que desde muy pequeñito estaba conmigo.

-Y de todos los estilos musicales ¿con cuál se queda?

-Depende del momento, pero la realidad es que me gusta tocar rock. Pero donde más a gusto me siento es en el flamenco cuando estoy con la sensación de confianza, a mitad de concierto, cuando ya hemos pasado los nervios de empezar y de romper la barrera con el público. También disfruto mucho del clásico. No podría elegir. Dependiendo del momento.

-Y a este momento post-covid ya casi ¿qué sonido le pondría?

-Cuando estoy de gira, también llevo el disco de 'Mundos Opuestos'. Nosotros soñábamos con estrenar el disco a lo grande. Teníamos gira por toda Latinoamérica, América, Asia… Pero no pudo ser porque el disco se sacó un 17 de abril de 2020. Así que imagínate. No se pudo hacer nada.

Nuestra presentación de la gira fue en el sitio que menos sospechábamos. Fuimos a presentar nuestro disco y hacer nuestra música a IFEMA, donde se hizo un hospital de campaña. Allí fuimos un 17 de abril de 2020, en plena pandemia. Hicimos un concierto para los sanitarios. En aquel concierto nos planteábamos qué música hacer, porque eran sanitarios que estaban reventados de llevar un montón de horas de trabajo sin parar, con el estrés… Y decidimos hacer música alegre, bonita, que ayudara a olvidar todo ese estrés. Fue un concierto único. Allí todo el mundo lloraba. De hecho, nosotros no parábamos de llorar y todo el mundo nos agradecía el concierto y el haber ido a pasar media hora que fue lo que duró, de alegría. Así que yo creo que nuestra música ahora mismo tiene que ser, sin duda, música alegre, música para divertirse.

-Después de llevar encima de ellos desde los 9 años, ya se ha tenido que convertir prácticamente en su casa…

-Pues sí, cuando hay un día sin concierto uno se siente raro, casi que te apetece llamar a los vecinos y hacer un concierto para ellos. Comencé desde muy pequeñito, pero cada concierto es especial y en cada concierto uno se pone nervioso y creo que esa es la magia del teatro y de la música, que cada día es especial y cuando dejen de existir esos nervios habrá que preocuparse.

-¿Cómo querría que fuese el concierto de El Ejido?

-Yo creo que va a ser seguro un concierto muy especial porque para nosotros es la primera vez que vamos con este proyecto allí. Yo he tenido la suerte de ir otras veces con Ara Malikian, con el que he estado muchos años, pero va a ser la primera vez que presentemos nuestro proyecto, en el que ponemos toda nuestra alegría y toda nuestra ilusión. Yo creo que eso el público lo va a percibir y va a disfrutar mucho y lo va a pasar muy bien.