ENTREVISTA

«La memoria es lo único que nos permite construir un mundo mejor»

El Auditorio de El Ejido acoge esta noche el último espectáculo de Sala del 45 Festival de Teatro y lo hace con una obra dirigida por el director ejidense Manuel Martín Cuenca

INMACULADA ACIÉN El Ejido

El 45 Festival de Teatro de ElEjido se acerca a su fin y esta noche a partir de las 21.30 horas se representará sobre las tablas del Auditorio de ElEjido la última obra de sala. Una obra que además tendrá un sabor especial puesto que se trata de la obra 'Un hombre de paso', dirigida por el ejidense Manuel Martín Cuenta y que protagonizará Antonio de la Torre. Una obra que aborda un episodio muy duro de la historia mundial como es el holocausto judío.

Una historia que se ambienta en el bar del hotel Roma, en la ciudad de Turín, donde una periodista habla con la redacción de su periódico mientras espera que aparezcan dos personas para hacer una entrevista de gran importancia. Entre las sombras aparece el primero de ellos. Se trata de Primo Levi, escritor de reconocimiento mundial, químico de profesión y superviviente del campo de exterminio de Auschwitz.

Levi será 'testigo' de la entrevista que Anna, la periodista, va a mantener con Maurice Rossell, de nacionalidad suiza, antiguo miembro de la Cruz Roja Internacional durante la Segunda Guerra Mundial y que visitó los campos de concentración nazis para emitir un informe que resultó cuando menos polémico.

–'Un hombre de paso' aborda una época dura de la historia mundial. ¿Va a ser también dura a nivel emocional para el espectador?

–Eso espero. Yo creo que el teatro, el cine y en definitiva la expresión artística también está para eso, para remover conciencias y que la gente piense. A mí desde luego es el cine y el teatro que me interesa. Hombre, también de repente me puede gustar 'La Guerra de las Galaxias' y echas un rato de palomitas y diversión, o ver un musical que me haga pasar un buen rato, por supuesto, pero como espectador, si me das a elegir, prefiero obras que me hagan salir diferente de como entré.

–No sé si es uno de los papeles más difíciles que le ha tocado interpretar, por lo que envuelve a la historia y su peso emocional...

–Sí, bueno, y también por las peculiaridades del teatro, porque no es lo mismo actuar para la cámara que actuar para que se entere el de la última fila, siempre tratando de conservar una verdad, una naturalidad o una manera de contar sincera, en la que yo creo, ahí andamos. Cada función sigo aprendiendo, eso es lo bonito, que cada función es distinta.

–Rossell dice no haber visto nada.

–Sí, es que es así. Él no vio nada. Hay un material que yo he podido ver. No consta entrevista de Maurice Rossell. En los 80, Claude Lanzmann lo entrevistó, con las mismas preguntas que me hará a mí sobre el escenario esta noche Anna, personaje interpretado por María Morales, y no se publicó hasta 1997, fecha en la que murió Maurice Rossell e intuimos que es que Rossell quedó tan mal en la entrevista que no le dio permiso para publicarla hasta después de su muerte. Pero esto son todo conjeturas.

–¿Rossell era doctor?

–Sí, por lo que hemos podido averiguar, ya que no hay mucha información, fue muy querido en su tierra, en el pueblo suizo en el que vivía. Era un médico de familia, un hombre de una gran reputación y al parecer había incluso quien destacaba su bonhomía y, sin embargo, ante el mayor asesinato colectivo de la historia él no vio nada. Es curioso porque además era médico, alguien que se supone que tiene que salvar vidas. Él alude a su juventud, a que era un inocente, que no se dio cuenta, que estaba viendo aquello como una aventura. Era un hombre que pasaba por allí. Un hombre de paso.

–¿Es una obra para reflexionar?

–Sí, absolutamente. Hay que partir de la base de que estamos hablando casi de teatro documental, son personajes que existieron. Si bien el personaje de Ana, de la periodista, está ficcionado, en realidad hace las mismas preguntas que Claude Lanzmann, que es el cineasta que contó el holocausto en un documental que es un clásico que es 'Shoah' y prácticamente la conversación que tuvieron fue similar.

–Pero también hay ficción.

–Sí, nunca hubo un encuentro entre Primo Levi y Rossell, es también algo que ficcionamos en la función, pero todo lo que dicen los personajes reales, se dijo en la realidad. Ana es verdad que le damos alma de mujer, pero hace las mismas preguntas que hizo Claude Lanzmann cuando se encontró con Rossell 40 años después de la guerra y le pide que le cuente qué había visto.

–La obra deja a la reflexión si vemos lo que hay o vemos lo que queremos ver. ¿Se ha convertido en una práctica habitual en esta sociedad tener algo delante y no querer verlo?

–Si hablamos del holocausto, nos gusta pensar que Hitler era un monstruo, pero la realidad es que era un ser humano. Y con todo lo que he investigado sobre este tema, con la función, la conclusión a la que he llegado es que el holocausto fue posible porque mucha gente como tú y como yo, normal, miró para otro lado.

–¿Sólo por mirar hacia otro lado?

–Por otro lado, está la tesis que sostiene Hannah Arendt, que siguió el juicio a Eichmann, uno de los grandes genocidas nazis en Jerusalén, y él lo que sostenía para indignación de su propio pueblo que no es que fuera tan malo, es que era una especie de burócrata que hacía lo que le decían. Y yo creo que algo de eso explica bastante las atrocidades que se cometen. Hay determinadas atrocidades que solo desde un psicopatía e incapacidad para ponerte en la piel del otro es posible.

–Podemos decir que miramos para otro lado. ¿No queremos ver o implicarnos?

–Eso es. Para mí la educación sentimental es el gran déficit de la sociedad.

–¿Qué mensaje se trata de transmitir?

–Que si no aprendemos de los errores del pasado, volverá a ocurrir. La memoria es lo único que nos permite construir un mundo mejor y ya que me lo permites, que deberíamos desenterrar de una vez a nuestros muertos y hablar de lo que pasó para que no vuelva a ocurrir.

–Usted también es periodista. ¿Qué opina del periodismo de hoy en día? ¿Se ha contagiado de ese mirar para otro lado como la sociedad?

–Bueno, en general, como era antes, aunque yo era más como Rossell, un inocente y no lo veía. Bancos, fondos riesgo... son accionistas de los grupos de comunicación y, evidentemente, al final hay intereses que evitan que salgan determinadas informaciones. Hay un libro, 'El Director' de Luis Jiménez, que es un relato perfecto de lo que son las entretelas del periodismo. Pero dicho esto, esta era digital permite también una cierta democratización de los medios de comunicación y han salido unos cuantos, a los cuales yo estoy suscrito, que son medios que se financian con la aportación de sus socios y que yo quiero creer a mis 54 años que ejercen el periodismo con una cierta libertad, dentro de que la objetividad no existe, es imposible, pero intentan pensar en el lector y tratar que el periodismo contribuya a hacer un mundo mejor.

–Ha trabajado mucho con Martín Cuenca y lo conoce bastante bien. ¿Cómo es trabajar con él?

–Pues es un gran director de actores, para mí uno de los mejores de España. Es muy minucioso. Tiene una manera de entender el oficio que comparto, que es que un actor no tiene que parecer un actor, sino que tiene que ser como la vida y ser un reflejo de la vida. Pero hablar de él me resulta extraño porque es como hablar de un familiar.

–¿Qué le ha empujado a subirse a las tablas una década después?

–Es un proyecto que llevábamos ambicionando hace años ya. Intentamos hacer una versión de 'Un Enemigo del Pueblo', pero no fructificó con la productora y ahora, durante la pandemia, Manuel habló con Felipe Vega, que hizo una dramaturgia sobre esta entrevista de la que te he hablado, y esa fue la génesis de la función.

–¿Qué les lleva a elegir precisamente esta obra? Que además es curioso... Se selecciona una obra sobre el holocausto en medio de una pandemia y con una guerra en Europa...

–En realidad esto lo podría contestar mejor Manolo, porque quien eligió el tema fue él. Los dos hablamos de hacer teatro, pero luego el que se ha encargado de buscar la función y dirigirla es él. Yo he puesto mi contribución como actor. Pero le hacía ilusión en plena pandemia preparar la obra. De hecho, la primera reunión la tuvimos por Zoom. Pensar que iba a haber una pospandemia y que la gente podría volver a los teatros, implicaba algo de optimismo, aunque el tema sea duro. Y porqué el holocausto es porque, al final, la destrucción y la cosificación del otro me temo que es algo cíclico en la historia de la humanidad. Ahora mismo tenemos la Guerra de Ucrania.

–¿Cómo ha sido esta vuelta a los teatros?

–En el estreno, un poco con el culo apretado, porque tuvimos algunos percances. Yo pillé la covid la primera semana de ensayos y tuvimos que tele ensayar. Ya no solo se tele trabaja, ya se tele ensaya también. Por otro lado, muy satisfecho, porque estrenamos en Sevilla en el Lope de Vega, con cinco días y colgamos el cartel de no hay billetes. Luego fuimos tres semanas al Matadero y colgamos el cartel de no hay billetes. Y ya cada vez más contento, porque cada función te da un plus nuevo y algo nuevo que mostrar. Puedo prometer y prometo que lo haré hoy en El Ejido.

–Es verdad que esta covid también ha aportado conceptos nuevos como eso del tele ensayo...

–De hecho, en el intermedio de esta gira, he rodado una película en Chile y dos días antes de empezar a rodar tuvimos un encuentro todos los actores para hacer una lectura de guión vía Zoom. Esto era impensable antes. Es probable que algo de esto venga para quedarse, como muchas otras cosas.

–¿Le ha generado la vuelta a las tablas el gusanillo de hacer más teatro?

–Es un ejercicio difícil. En un rodaje todo se plantea para que tú solo tengas que centrarte en lo tuyo. En un teatro, la gente es respetuosa, pero son personas vivas, puede haber toses, sonar algún móvil... Pero bien, aprendiendo que es de lo que se trata. Nunca he perdido el gusanillo del teatro pero, en estos diez años, yo he tenido dos hijos y compaginar es difícil, porque suele haber giras, suelen ser temporadas largas para que puedan ser viables. Los rodajes, aunque sean intensos, suelen ser mes o mes y medio. Es más fácil conciliar haciendo cine que haciendo teatro.

–Han estado en Málaga, su tierra, y ahora llegan a El Ejido, a la tierra de Manuel Martín Cuenca...

–Sí, además conozco El Ejido. Yo rodé hace 20 años allí la película Poniente y tengo muy buenos recuerdos de aquella época. Fue cuando conocí los invernaderos con mi amigo Nicolás Lidueña que me llevó y me estuvo enseñando cómo era el oficio del agricultor en el cultivo intensivo. Yo pienso que el actor es como un periodista, solo que el periodista lo cuenta en tercera persona y el actor en primera persona, pero al final somos portadores de un relato.

–¿Qué proyectos trae este 2022?

–El 15 de julio se estrena una película que rodé en Bruselas el verano de la pandemia que se llama 'Entre la vida y la muerte', creo que a finales de noviembre se estrena 'Historias para no contar', una película de Cesc Gay, donde tengo un papelito, y acabo de venir de rodar en Chile.