Ángel Calvente es autor, director, actor y creador de marionetas desde hace más de tres décadas.

ENTREVISTA

«La marioneta tiene la posibilidad de vivir otras vidas que nosotros como seres humanos no podemos»

La obra de marionetas para adultos 'Espejismo' será la encargada de abrir este jueves a las 21 horas el Festivalde Teatro de El Ejido

INMACULADA ACIÉN El Ejido

La compañía Espejo Negro será la encargada de abrir el Festival de Teatro de El Ejido en su 45 edición, este jueves desde las 21 horas con su espectáculo Espejismo, con el que abre un espacio a lo desconocido y a lo prohibido. Una apuesta en clave cabaretero, con la que de nuevo Ángel Calvente sorprende con ese humor negro y en el que por primera vez pone cara a su Espejo.

-¿Cómo surge el nombre de la compañía, Espejo Negro?

-Tiene dos vertientes. Una totalmente lógica, porque ensayamos vestidos de negro, con un fondo negro y frente a un espejo. Y, luego, porque yo, que soy el que hace los guiones, el director y el que hace las marionetas, tengo un humor muy negro y muy sarcástico desde que empecé. Y también el espejo negro es ese momento en el que tú estás a solas, te miras en el espejo y no te reconoces. Y ese pequeño sobresalto que te llevas, también eso es Espejo Negro.

-¿Cree que deberíamos mirarnos más al espejo?

-Pues yo creo que sí, sobre todo para ver ese reflejo interior, porque el exterior ya está muy marcado por el estereotipo y muy manido. Estamos hartos de vernos. Últimamente hay que verse y solo para vernos guapos y guapas. No reflexionamos y no miramos al interior. No nos miramos a los ojos los unos a los otros y no vamos mucho más allá de ese primer espejo que es el físico. Creo que sería bueno, sobre todo después de todo lo que ha pasado en el mundo y en nuestro país con la pandemia, tantos días encerrados, todos los que hemos pillado la covid hemos estado en una habitación con un tubo puesto para poder respirar. Todo eso te hace reflexionar.

-¿Es eso lo que se trata de reflejar con Espejismo?

-Sí, pero de una manera mucho más sarcástica. Es más un divertimento. Yo exploro entrar dentro del espejo y que el público entre en nuestro espectáculo cual inocente Alicia, limpia, blanca y donde todo lo que va a ver dentro del espejo está deformado y va más allá de la realidad pura y dura de nuestro vivir. Pero sobre todo con una sonrisa burlona. Un espectáculo en clave cabaretero, presentado por un personaje que no se define ni hombre ni mujer, que hace lo que quiere cuando quiere y es lo que quiere cuando le apetece.

-¿Cómo es ese personaje principal?

-Se llama Estío porque es como el sol cuando ya termina el día y va cayendo. Estío es el amo del calabozo del espejo. Es el amo y señor de todo lo bueno y malo que nos rodea, y él colecciona lo que le apetece del ser humano como sentimientos, cosas buenas o cosas malas y no deja títere con cabeza.

Estío necesita a dos actores manipuladores que le ayuden a moverse, pero al mismo tiempo reniega de esa ayuda o de esa energía que le prestamos. Es el amo y señor de todo el espectáculo y nos machaca un poco.

Estamos hablando de una marioneta que tiene esa posibilidad de vivir otras vidas que nosotros como seres humanos no podemos hacer.

Además, esta es la primera vez que he dado forma física al Espejo Negro, porque es muy importante para el espectáculo. A través del espejo se ve el escenario, que está dotado de un montón de focos móviles, robotizados, con proyecciones, mucha magia, todo esto es a través del espejo.

-¿Es más sencillo a través de un personaje ficticio abordar temas reales?

-Sí, sobre todo a través de la máscara del títere es mucho más fácil, porque la marioneta tiene un discurso que, a priori, es más fácil llegar al público y de utilizar ciertas palabras o ver ciertas imágenes que si lo hiciéramos con actores de carne y hueso, siempre es más permisible y se acepta mucho mejor y sobre todo cuando el humor está entre medias. Es más fácil llegar a decir ciertas cosas a través del títere, porque es un ser irreal que no tiene vida, aunque sobre el escenario están vivos, y es una marioneta la que dice lo que dice y hace lo que hace.

-¿A qué tiene que ir preparado el público que asista este jueves a ver Espejismo?

-Tiene que ir dispuesto a abrir su mente y dejarse llevar, a transitar por un misterioso universo que es el del fondo del espejo negro, y reír cuando hay que reír o fruncir el ceño. Uno es libre en el patio de butacas para sentir como quiera, al igual que los que estamos arriba en el escenario también tenemos la posibilidad de darle rienda suelta a la libertad de expresión.

Estoy seguro que luego llegarán a casa y recapacitarán sobre lo que han visto, porque a parte de toda la parafernalia política o social que hay en el fondo del escenario hay mucha magia de cómo los personajes se crean o destruyen delante de sus ojos. A veces vemos cosas que pensamos que ya conocemos pero es una imagen deformada. Eso nos pasa con la televisión que nos crean monstruos que luego nada tiene que ver con la realidad, porque luego conoces a esas personas y te das cuenta que no tiene que ver con la imagen que tenías.

-¿Falta libertad de expresión?

-Dentro de las artes escénicas creo que hay una autocensura. No sé bien porqué ha pasado. Nadie la impone pero los mismos creadores las marcan en sus espectáculos, porque la piel del público, ya hace casi una década, que cada vez es más fina y no entiendo porqué. Esto lo hablamos muchas veces los creadores, porque hay mucha gente que no quiere meterse en problemas sobre el escenario, porque si el programador ve que hablas demasiado de política, no te va a contratar, etc.

-¿Se nos ha agriado el carácter o estamos cambiando?

-Estamos mutando, porque el cambio hacia delante yo creo que si es para bien, siempre es bueno, pero si se cambia hacia atrás y mal, es como una mutación. Hay gente que empieza a pensar de forma retrógrada, que no tiendo. Yo tengo ya 60 años, que cumplo dentro de unos días y hay cosas que no tiendo qué está pasando, pero tendrá que ver con la época que estamos viviendo, donde vamos tan deprisa para todo, que no se para a reflexionar y empieza a molestar demasiadas cosas que antes no molestaban, que te hacían reír, que eran frívolas, y reír sin pudor. Cuando se hacen bien las cosas y se escriben bien los guiones, se ensaya y se hace una inversión muy importante en un espectáculo, se hace desde el corazón y de querer aportar algo nuevo al teatro, siempre tiene que ser bienvenido.

-Sus espectáculos son siempre provocadores. Pero tras tres décadas de trabajo esa experiencia da derecho a tener cada vez menos pelos en la lengua para abordar ciertos temas?

-Yo nunca he tenido pelos en la lengua. Tal y como nací como creador y dramaturgo de artes escénicas, sigo siendo. Evidentemente, me he refinado. Ahora soy mejor escritor, mejor director, mejor marionetista, hasta mejor persona, porque llevo 32 años sobre el escenario. He recorrido el mundo y siempre rodeado de gente que hace posible que mi espectáculo salga adelante. Profesionales que tienen mucho feeling con mi espectáculo y eso aporta muchísimo.

Pelos en la lengua no, pero sí diríamos que los pelos se han refinado.

-¿Es Espejismo su mejor obra?

-El mejor espectáculo está siempre por venir. Los premios están muy bien, pero son un reconocimiento y un aplauso a tu trabajo, sobre todo cuando viene de la profesión es magnífico. Todos los premios son igual de importantes.

-¿Y cuál será el siguiente?

-Pues estoy súper embarcado ya en mi nuevo trabajo teatral. Ahora mismo estaba empezando a pintar un nuevo personaje que es Carmen. He hecho la adaptación del Verdugo de Berlanga, que es la primera vez que se va a hacer en marionetas y para adultos sobre el escenario. Estoy haciendo a Carmen, que es la hija del verdugo, que es una chica de los años 56 o 57, que su padre es verdugo y vive una vida muy diferente a la de las chicas de aquella época, sobre todo por la profesión que tiene su padre y que al mismo tiempo le ha hecho ser una mujer muy dura y emprendedora que sabe salir muy bien de los entuertos, pero sigue siendo muy vulnerable a la mirada de los demás por el qué dirán.

-¿Es más difícil invitar al público adulto a disfrutar de las marionetas que al público infantil?

-No, exactamente igual. Las marionetas no son ni para niños ni para adultos, son actores. Lo importante es que las historias sean buenas y que las marionetas estén manipuladas y parezca que tiene vida. Eso es indispensable. Si consigues eso, el público está contigo. Es cierto que los niños aún tienen esa posibilidad más potenciada, porque creen a pies juntillas que un calcetín con ojitos tiene vida, pero el adulto también es mágico en su interior, porque todos tenemos un niño dentro y ese niño nunca termina de irse, y ay del que lo pierda.

También es cierto que llevamos 32 años y la gente ya sabe lo que viene a ver. Ya hay muchas cosas que hemos ganado.

-Crea las marionetas, escribe, dirige, ha actuado. ¿Con qué disfruta más?

-Antes, hace años, era con subirme al escenario. Hoy en día con crear los espectáculos. Yo me he visto abocado a dejar los escenarios por el cáncer, porque me ha dejado unas secuelas muy bestias en el cuello y dependo mucho de mi físico para las marionetas. No obstante, yo ya estaba pensando en dedicarme solo a la creación. Ahora estoy muy contento. Me quedo con lo que estoy haciendo como es escribir, dirigir y viajar un poco.

-El jueves Espejo Negro recibe la Butaca de Honor. Una Butaca que ya han recibido personalidades como Josep María Pou, José Sacristán, Concha Velasco, La Cubana, Els Joglars...

Me encojo, porque yo no soy más que un teatrero que lleva muchos años trabajando sobre el escenario y formar parte de esa lista, esos grandes nombres y genios cada uno en lo suyo, hace que me sienta súper halagado. A partir de ahora tener una Butaca con el nombre de la compañía no se puede pagar con nada. No te lo terminas de creer.