Pablo Carbonell en 'Mercado de Amores' / Pedro Gato

ENTREVISTA

«La gente verá algo muy parecido a las películas de los Hermanos Marx y 'Con Faldas y a lo loco'»

Las risas llenarán esta noche el Auditorio de El Ejido con la obra protagonizada por Pablo Carbonell 'Mercado de Amores'

INMACULADA ACIÉN El Ejido

El 45 Festival de Teatro de ElEjido sigue apostando por sacar la risa del público y en esta ocasión lo hace con la puesta en escena de la comedia 'Mercado de Amor', dirigida por Marta Torres y que tiene como protagonista a Pablo Carbonell.

–¿Qué propone 'Mercado de Amores'?

–Le propone al espectador un viaje a la vida romana de hace 2.000 años. Cuando lleguen, verán un decorado muy sencillo, pero muy efectivo para nosotros. Supongo que ya sabrán que el juego teatral involucra su capacidad de ensoñación y que tienen que aportar su imaginación, quizás infantil, de creer que lo que está sucediendo en escena es real para que el milagro teatral se produzca.

–¿Imaginación?

– Así a bote pronto, para que yo me crea que esto es Roma, tengo que echarle mucha imaginación (risas). Pero también pueden intuir, viendo el decorado, que están delante de una comedia de enredo, y posiblemente la reflexión a la que van a llegar durante la obra es lo poco que hemos avanzado en enredos y en comedia, porque los personajes y las tramas siguen siendo exactamente las mismas. Cuando empecé a estudiar la obra de Plauto, me di cuenta que era el Arturo Fernández, en sus papeles de comedia, pero de hace 2.000 años.

–Una obra donde las risas están aseguradas...

–Sí, además nosotros hemos dado un par de giros importantes para conseguir exactamente lo mismo que buscaban los romanos de entonces que era la juerga. Los romanos no se distinguían por tener un apetito muy exquisito o un gusto filosófico muy elevado. Esos eran los griegos. Esta civilización de la que venimos, tan habituada al saqueo y a la victoria, vino por delante, no le podías provocar una alta reflexión, lo que querían era divertirse. Nosotros, al adaptarla, creo que le hemos dado una vuelta de tuerca más, porque estamos seguros de que los actores de entonces que estaban actuando para gente que estaba de pié comiendo y bebiendo tenían que utilizar muchos chistes actuales y meter todos los localismos posibles para que el público se sorprendiera.

–No sé si hay algo más gratificante que ser capaz de arrancar la carcajada al público...

–A mí es lo que más me gusta. Creo que las personas cuando ríen son hermosas. Y a mí como enganchado a la belleza, me encanta poder hacer a la gente reír. De hecho, nuestro esfuerzo ha estado orientado en ese sentido e incluso una constante de la obra plautina, que es el conflicto padre e hijo, nosotros lo hemos trasladado a padre e hija. De hecho, para provocar esa risa, como la sumisión de una exclava a su dueño es inadmisible actualmente, hemos decidido que mi personaje esté convencido de que la esclava está enamorada de él porque es muy narcisista. Su afán por conseguir a la esclava, en realidad es esa enajenación que conocemos como enamoramiento.

–'Mercado de Amores' modifica un poco la trama original, porque son padre e hija en lucha por una persona en lugar de padre e hijo. Ahora sí que es un enredo mayúsculo...

–Ese es el giro de tuerca que lleva la obra al siglo XXI con el empoderamiento de la mujer. El enredo es el mismo, pero la situación cómica es más potente.

–Por tanto, más allá del humor subyacen temas serios y reflexiones... Es una obra de la época romana pero que ya presenta a dos mujeres independientes y triunfadoras. ¿Es un alegato al empoderamiento de la mujer?

–Sí y de hecho, que el hijo que se enfrenta al padre sea en realidad una hija, que sea una hábil comerciante y que la chica por la que rivalizan padre e hija sea un hombre vestido de mujer, ya nos coloca en el siglo XXI, el siglo de la revolución femenina. Y las reivindicaciones de la chica que no quiere el destino que su padre le ha marcado, que sea sacerdotisa, también nos sitúa en un mundo donde los padres no tienen la capacidad de decidir el futuro de su hijos.

–Existe también una crítica a la corrupción política. Temas que parece que no cambian pese al paso de los siglos...

–Nada, no se alejan nada de nuestros días. Y es que hace 2.000 años sucedía lo mismo. De repente uno quiere hacer algo y alguien le dice: un momento, que como lo hagas, yo informaré a Roma de sus corruptelas. Ahí te das cuenta que la corrupción es un mal muy difícil de erradicar, porque todo el mundo, para conseguir sus fines, tienes que silenciar actitudes reprochables a otras personas. Pero eso es hilar muy fino. La gente lo que va a ver es algo muy parecido a las películas de los Hermanos Marx y 'Con Faldas y a lo loco', de Billy Wilder. La gente cuando sale solo piensa qué comedia más graciosa.

–Lo importante es la risa...

–Ciertamente, reírse de personajes que se parecen un poco a ti, en cuanto a romanticismo o lujuria, codicia o cualquier pecado capital que plantees, que hace 2.000 años estaban tan bien retratados, es al final reírte un poco de ti mismo y hace que te quites dramas. En la vida nos tomamos en serio las cosas que no tienen tanta importancia.

–¿El teatro siempre debe tener ese componente denuncia en mayor o menor medida?

–Creo que el mundo no es perfecto y eso es algo que sabe todo el mundo. Cuando tienes un altavoz o puedes subirte a un escenario, debes intentar mejorar las cosas que no te gustan. Es una cuestión moral. No solo la tiene el teatro, la tienen los periodistas y todos aquellos que tienen la posibilidad de hacerse oír. Es curioso que el mundo del deporte nunca se moja, vive en una especie de burbuja, supongo que por las marcas publicitarias o alguna cosa así que les impide dar su opinión.

–Está de gira también con su mítico grupo Los Toreros Muertos, acaba de publicar su último libro 'El nombre de los tontos está escrito en todas partes', y además en septiembre estrena película... ¿cómo le da tiempo a compaginarlo todo?

–Porque la realidad no me gusta. No encuentro otra explicación. Lo único que me abstrae de lo que pasa en el mundo es mi propia cabeza. Me pongo a recoger pececitos de colores que me rondan el cerebro. No me sé estar quieto. La actividad artística es el mejor método de fuga de la realidad.

–¿Qué proyectos trae este 2022?

–Pues tendría que ponerme dentro de poco a escribir mi nueva novela, que ya la voy cocinando en la cabeza. El 12 de julio se cumple el séptimo aniversario de la muerte del cantautor Javier Krahe y como actualmente nadie reivindica su legado, me voy a encerrar en la Sala Galileo donde él actuaba casi todos los meses a hacer un recital. Sin ninguna intención de continuar, simplemente por darme el gustazo de recordar al amigo y al maestro.