ENTREVISTA

«Mi empeño es demostrar que El Ejido sí tiene historia»

Francisco Espinosa repasa la evolución en la propiedad y uso de la tierra en el Campo de Dalías que condujeron a la tierra que hoy en día es

INMACULADA ACIÉN El Ejido

Francisco Espinosa, docente e historiador, oriundo de El Ejido, siempre ha luchado por demostrar que El Ejido es una tierra con historia y en ese camino ha elaborado una trilogía sobre la historia de esta tierra, cuya tercera entrega 'La desamortización y colonización de El Ejido (Campo de Dalías): El caso de Balerma', se presentó hace tan solo unos días en la Sala B del Auditorio ante un concurrido público.

–¿Por qué el caso de Balerma?

–Se dedica un capítulo exclusivo a Balerma por el tema principal de las dificultades de desarrollo del sector VI con la Finca de los Hermanos González Méndez, que tantas dificultades pusieron para que los colonos llegasen a ser propietarios como lo son hoy.

Eso se desarrolló en 1970, en esa década, y fue fundamental en Balerma. Aquello dio lugar a unas tensiones sociales, coincidiendo con el momento de la transición política, de la dictadura a la democracia, con los acontecimientos más notorios hasta que finalmente se resolvió en el 78.

–¿Qué ocurrió?

–Balerma era una población que el 90% de los pobladores eran colonos de una familia, los González-Méndez, que tenían del orden de 900 hectáreas en todo el litoral de Balerma y por encima del Alcor, y que habían entregado como colonos a la gente de Balerma, que durante décadas estuvieron como aparteros, sin muchos títulos. Los colonos comenzaron a cultivar las tierras, haciendo transformaciones, muchas veces asumiendo los costes, sin ayuda de los propietarios, hasta que llegó el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (Iryda), y bajo el Plan de Interés General del Estado del Campo de Dalías, se propició la colonización oficial, empezando por Aguadulce y Roquetas, y avanzando hacia el Poniente, hasta el municipio de El Ejido, afectando a varios sectores. San Agustín nació entero bajo esta actuación, una parte de Las Norias también, y Balerma, al que le afectaba el sector VI, que ponía en marcha la posibilidad de expropiar todos los terrenos sedentarios y hacer una distribución y convertir en propietarios a los vecinos de Dalías.

–Por tanto, los González Méndez fueron forzados a vender.

–Tuvieron que desprenderse forzados por la presión social que se generó en Balerma, donde hasta el párroco de la Iglesia se encerró un tiempo en huelga de hambre junto a un grupo de agricultores, algo que fue sonado en toda España. Entonces vino el Iryda y fue como la palanca definitiva que hizo que los González Méndez no pudieran resistirse, porque enfrente tenían al Estado y o les vendían a los colonos en determinadas condiciones lo que venían cultivando toda la vida o se les expropiaba por interés social esas fincas y era el Iryda el que los distribuía entre los que iban a ser los nuevos propietarios.

–Y este libro forma parte de una trilogía.

–Sí. La primera comenzó por la historia del agua, que ha sido el gran factor limitante para cualquier desarrollo del Campo de Dalías, hoy El Ejido. Un libro que versaba fundamentalmente sobre lo que supuso la aportación de la Fuente Nueva y del Canal de San Fernando, para iniciar el desarrollo del Campo de Dalías, que hasta entonces era un secano. El segundo libro ya versó sobre la historia general de El Ejido, desde la Murgi romana hasta la fecha actual. Y ahora llega este.

–¿Cómo surge este trabajo?

–Esa trilogía fundamentalmente está motivada por mi empeño que es demostrar que El Ejido sí tiene historia. El Ejido tiene raíces profundas, que no se han estudiado.

–¿Qué enfoque tienen los libros?

–Lo he hecho con fines didácticos y pedagógicos para las nuevas generaciones. Y los libros están estructurados casi como un manual de enseñanza, porque siguen una secuencia en el tiempo muy clara, propia casi de un libro de historia. Siempre he pensado que había un déficit muy grande de conocimiento entre los pobladores actuales de El Ejido de cuáles eran sus raíces. Dalías empezó a tener la preponderancia y la capitalidad de toda la política y toda la acción en el municipio a partir de la caída del imperio romano, y ya con la ocupación musulmana y el reino nazarí, que también se analiza en el libro, el peso fundamental estaba en el valle interior de Dalías, en Celín, donde se había retenido todo el agua y donde tenían posibilidad de tierras en regadío.

–Ahora toca conseguir que esa historia se conozca...

–Se ha logrado conseguir que empecemos a tener cierta conciencia y autoestima como ejidenses de que merece la pena estudiar los temas de historia de este territorio del antiguo Campo de Dalías y hoy El Ejido. La idea que intento transmitir es que sería bueno que en las bibliotecas de El Ejido hubiera un repositorio pequeño donde se localizaran todos los libros que versan sobre algunos aspectos de El Ejido como su desarrollo, su historia, su arqueología... Pedro Ponce, Lorenzo Cara, Valeriano Sánchez, José Luis Callejón, Paco Palomar o Dorita Gómez han escrito sobre el municipio. Todos ellos podrían componer junto a mis propios libros, ese pequeño expositor que los usuarios de la biblioteca pudieran conocer y acercarse a la historia de su territorio.

–En el libro se centra en la evolución del Campo de Dalías.

–Además de relatar la evolución del territorio a lo largo de las distintas edades, me he interesado fundamentalmente por la evolución en la composición del Campo de Dalías, que era más de la mitad de todo el municipio de Dalías. Cuando los Reyes Católicos conquistan Granada, pasó al reino de Granada la dependencia de este municipio. Cuando se produce la Guerra de las Alpujarras, en 1568-70, se logra reducir y expulsar a los moriscos. Felipe II, en 1575, tuvo que hacer un reparto nuevo del territorio del municipio de Dalías a los cristianos viejos que habían quedado y a otros colonos nuevos que trajeron de otras provincias. En aquel reparto, el municipio de El Ejido tiene unas 20.000 hectáreas, pero el rey no repartió todo el territorio. Se adjudicaron 430 hectáreas de unas 20.000 que tenía.

–¿De quién eran el resto de las hectáreas?

–De la corona. No las repartió porque las consideró baldíos y realengos. Cuando se hace el Catastro de Ensenada en 1751, unos dos siglos después, ya hay en propiedad en el municipio de El Ejido cerca de 4.000 hectáreas. El cómo se ha pasado a esa cifra fue por apropiaciones, ventas, cesiones que se irían haciendo y se fue convirtiendo lo que era público en privado. Cuando se produce la Desamortización de Pascual Madoz, en el año 1882, y en el caso de El Ejido, se desamortizan unas 6.000 hectáreas.

–¿Qué pasó con el resto?

–Pues fueron 10.000 hectáreas que fueron usurpadas algunas de ellas al erario público municipal por parte de particulares que veían que eran terrenos que no se utilizaban y a eso se ocupa el libro.