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Manuel Liñán durante la representación de Viva. marcosGpunto
«Me ha costado 39 años tener el valor para hacer esto sin miedo y sin prejuicios»

Manuel Liñán, bailaor, coreógrafo y director

Festival de Teatro de El Ejido 2024

«Me ha costado 39 años tener el valor para hacer esto sin miedo y sin prejuicios»

El Festival de Teatro de El Ejido propone hoy un espectáculo del bailaor y director Manuel Liñán premiado y alabado por crítica y público

Inmaulada Acién

El Ejido

Viernes, 3 de mayo 2024, 22:47

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Las tablas del Auditorio de El Ejido serán testigos esta noche, desde las 21.30 horas de un espectáculo que trata de convertirse en un grito a la libertad de la transformación, que no siempre implica una manera de enmascararse, si no mas bien una desnudez. Una obra con una gran carga emocional y de crítica con la que Manuel Liñán, ha conseguido no solo grandes críticas, sino lo más importante poner en pié al público. El espectáculo 'Viva' consiguió, entre otros, el premio Max del Público al mejor Espectáculo en 2021. Y es que este espectáculo sigue llenando teatros más de cuatro años después de su puesta en marcha.

–En 2020, obtuvieron el Premio de la Crítica del Festival de Jerez.

–Estrenamos espectáculo en 2019, en 2020 recibimos el Premio de la Crítica del Festival de Jerez y en 2021 el Premio Max del Público al mejor Espectáculo. Hemos sido nominados a los premios Olivier de Danza, del Reino Unido como uno de los mejores espectáculos, que son unos premios muy reputados. Me siento muy contento después de todos estos reconocimientos.

–¿Cómo se mantiene esa emoción cada día al interpretar sobre el escenario un espectáculo que lleva ya más de cuatro años de gira?

–Es un espectáculo muy especial y cada día es como un empezar de nuevo. Hay una energía constante que se renueva, el compañerismo que existe es muy importante y las ovaciones del público también nos hace emocionarnos diariamente. Pero lo más importantes es que se mantiene con la misma ilusión que se construyó.

–¿Es una obra que evoluciona con los años? ¿Quien ya lo haya visto y lo vea hoy, va a sentir distinto o va a percibir matices diferentes?

–Seguramente sí. El espectáculo se mantiene tal cual, con algunos pequeños cambios que no han influido para nada en la estructura de la obra. Pero hay gente que lo ha visto como cinco o seis veces y cada vez lo ha vivido de una manera diferente. De esta manera, el espectáculo se mantiene, pero la energía y el flamenco te permite improvisar más o menos, siempre dentro de unas pautas muy marcadas, pero es verdad que las sensaciones del espectador en cada sitio posiblemente puedan cambiar.

– ¿Se puede decir que en esta obra Manuel Liñán desnuda parte de su alma?

–Parte de mi alma, sí, porque dejo bien claro cuál ha sido mi ilusión desde pequeño y al mismo tiempo cuál ha sido mi frustración por culpa de las represalias sociales y artísticas que han evitado que yo me presentara al mundo tal cual quería presentarme y manifestarme. Cuando yo era pequeño sentí mucho miedo. Desde pequeño quise travestirme, bailar con un vestido, maquillarme, tener el pelo largo para ponerme flores. Siempre quise hacerlo y cuando lo hacía era socialmente rechazado y artísticamente también. Se reían de mí, me faltaban al respeto y empecé a entender que lo que yo estaba haciendo estaba mal, que estaba equivocado. Entones empecé a hacerlo a escondidas y ahí empezó a formar parte de mi intimidad, cuando creo que debería haber sido público y respetado. Me travestía en mi casa y ahí era donde Manuel se identificaba. Me vestía, me maquillaba y me ponía un pantalón de chandal en la cabeza, pensando que era mi pelo y ahí soñaba con bailar como lo hacían mis compañeras. Eso no quiere decir que yo rechazara el baile con pantalón, pero también quería tener otras formas, otra línea y otra estética. Desgraciadamente, por todo el peso social, me ha costado 39 años tener el valor para hacer esto sin miedo y sin prejuicios.

–¿Desde entonces hemos cambiado como sociedad?

–Algo ha cambiado, aunque va poco a poco. Ahora es muy típico faltar al respeto en redes sociales y plataformas donde nuestro nombre o nuestra cara no es visible. Ahí hay muestras de homofobia y en la calle igualmente. Actualmente, también por una determinada estética se falta el respeto. Es cierto que hay cosas que van cambiando y los reconocimientos y premios que ha tenido 'Viva' para mí suponen una gran evolución, porque quiere decir que es algo que se respeta y que se va a quedar. Pero en el mundo del flamenco, antes los bailaores no podían optar a estudiar con bata de cola en el Conservatorio. Era algo exclusivo para el sexo femenino. Me consta que ahora hay muchos colegios y también conservatorios donde pueden y tienen que estudiar con ese complemento. Eso quiere decir que algo empieza a cambiar.

–¿Es la danza un instrumento para ser crítico?

–Claro. La danza sirve también para manifestar nuestras inquietudes y nuestras incomodidades. De hecho, 'Viva' para mí es un acto de libertad y de reafirmación, pero está cargado de un mensaje crítico, puesto que lo estoy haciendo con 39 años. Si lo hubiera hecho cuando quería hacerlo que era con 13 años, si la sociedad me hubiera aceptado y no se hubiera reído de mí, a lo mejor no hubiera hecho este espectáculo, por tanto, de alguna manera es un espectáculo crítico.

–El baile es una manera de expresarse sin palabras, pero a veces los movimientos pueden decir incluso más que las palabras.

–Muchísimo más. La emoción es infinita y el movimiento puede ser interpretado de muchas maneras. La emoción se abre a muchos territorios. La danza tiene ese carisma y ese enigma a la vez que te permite poder emocionar a través de los movimientos. Ahí hay una gran lectura y el receptor tiene una capacidad para emocionarse muy grande y poco literal, de manera que cada uno pueda recibir el mensaje que quiera. También hay que tener en cuenta las necesidades del público que hace captar el mensaje de una manera o de otra.

–¿Cómo es la estética?

– Somos seis bailarines. El vestuario está diseñado conforme a la personalidad de cada uno de los bailarines, para que se sientan a gusto. Además, todo es color, porque queríamos que así fuera y que hubiera muchas diferencias entre las tonalidades.

–¿Qué mensaje final quiere transmitir?

–Independientemente de la estética, de lo que nos queramos poner o no, lo que nos permite la danza es ser libres, poder tener la opción de bailar con un traje de flamenca sin tener que justificarnos, sin tener que atarnos a ningún personaje o a una dramaturgia, y bailar con un vestido sin tener que abandonar nuestra personalidad para convertirnos en un personaje, solo porque me apetece. Para mí, el mensaje es tener la opción de manifestarse como cada uno quiera.

–¿Qué significa para usted el baile?

–Mi vida. Para mí es la herramienta de manifestarme ante esta vida, es mi voz, la manera de decir lo que siento, mis inquietudes, y dejar huella de alguna manera.

–¿Sigue siendo la danza una profesión de valientes para los hombres?

–Sigue siendo una profesión de valientes en general porque es muy complicado vivir de la danza. Es verdad que decimos que la danza es como la hermana pobre de las artes escénicas, pero es que es muy difícil poder vivir de la danza. Nos estamos encontrando con situaciones como que los bailaores se tienen que reciclar en otra cosa porque no pueden vivir de esto y es una situación complicada.

–¿Y tiene más futuro o menos que antes?

–Me gustaría decir que más, porque tenemos que ser optimistas. Y es verdad que la danza ha crecido y crece muy rápido, y el flamenco crece muy rápido y se mantiene vivo, evoluciona. Yo creo que esa es una muy buena señal de que sigue teniendo futuro.

–¿Qué mensaje le trasladaría al público?

–Tienen que venir a compartir con nosotros una noche llena de emociones y una noche con grandes intérpretes de la danza que tienen que compartir con nosotros. Espectáculo muy seductor y cargado de emociones. Es la primera vez que vamos a El Ejido.

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