Casi 20 años de los disturbios de El Ejido

Los medios de comunicación de toda España hicieron seguimiento de la situación esos días./IDEAL
Los medios de comunicación de toda España hicieron seguimiento de la situación esos días. / IDEAL

En febrero de 2000, el asesinato de Encarnación López desató una ola de incidentes en el municipio ejidense.

VÍCTOR J. HERNÁNDEZ BRUAlmería

El próximo año, por estas fechas, se cumplirán dos décadas del momento de mayor tensión en la historia del municipio de El Ejido y del Poniente almeriense en general. Los famosos 'disturbios de El Ejido' se originaron en el mes de febrero del año 2000, a consecuencia del asesinato de Encarnación Ruiz, en la pedanía de Santa María del Águila a manos de un inmigrante de origen marroquí de 20 años, que recibía tratamiento psiquiátrico en el Hospital de Torrecárdenas.

Era el tercer asesinato, presuntamente a manos de inmigrantes en esos días y la población ejidense no aguantó más, desatándose una ola de violencia incontrolada que contó, además, con 'agitadores externos' interesados.

Hubo persecuciones, agresiones y cortes de vías públicas durante los días que duró la tensión

Fueron tres detonantes que desataron la furia de parte de un pueblo acostumbrado a convivir con personas de todas las nacionalidades y procedencias, que lleva décadas dando ejemplo de dicha convivencia, mezclando razas y colores en trabajos, cultura, deporte y convivencia, pero que en esos días se vio enturbiado por la concatenación de agresiones que encendieron la mecha de los incidentes.

Gran tensión

Durante toda la jornada del sábado, se produjeron incidentes y persecuciones de inmigrantes, formándose también pelotones o patrullas de vigilancia, algunas integradas por ciudadanos de la zona pero otras llegadas de otros puntos con el interés de dar sonoridad a los incidentes, que se enfrentaron y persiguieron a grupos de inmigrantes.

Fueron unos días de tremenda tensión, en la que hubo 22 heridos y diversos actos de vandalismo cometidos contra comercios de inmigrantes, alguna mezquita y contra grupos de ellos que se encontraban en la vía pública o en establecimientos.

Tras varios días, El Ejido recuperó su habitual clima de convivencia que le ha caracterizado

Un grupo de 500 agentes especializados fue enviado por el Ministerio del Interior para reforzar el control de la zona, mientras que el ministro, Jaime Mayor Oreja, apelaba a «la serenidad, la calma y la tranquilidad», al tiempo que advertía que «la ley caerá implacablemente tanto sobre el asesino como sobre los que se tomen la justicia por su mano y utilicen la violencia en un sentimiento de venganza. No cabe aplicar la ley de la selva».

También intervino el entonces presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, que lanzó otro mensaje de calma, asegurando que «avanzar en todas las medidas encaminadas a mejorar las condiciones de vida, vivienda y empleo de todos los ciudadanos que trabajan en esta localidad, incluidos los magrebíes».

Funeral y disturbios

Los mayores disturbios se vivieron, durante la jornada del sábado, contra la población inmigrante de Santa María del Águila, de donde era natural Encarnación López, y la de las Norias de Daza, donde residía su asesino.

En aquellos días, el alcalde ejidense, Juan Enciso, fue muy criticado y acusado de hacer populismo contra los inmigrantes, aunque lo cierto es que el regidor adelantaba un debate que es plena actualidad en el día de hoy, al asegurar que «somos la puerta de África y es imposible controlar a todas estas personas que entran ilegalmente».

El funeral de Encarnación López fue otro foco de tensión, puesto que aunque durante su desarrollo pareció vivirse un paréntesis en los disturbios, a la conclusión del mismo un grupo de personas agredió al subdelegado del Gobierno en Almería, Fernando Hermoso Poves, al confundirlo con el máximo responsable de Almería Acoge.

Más altercados

Durante todo el fin de semana hubo otro tipo de altercados, como cortes de carreteras, enfrentamiento, quema de vehículos, contenedores y otros elementos, el levantamiento de barricadas y, en general, un clima de inseguridad que poco a poco fueron controlando los efectivos de las fuerzas de seguridad llegados desde otros puntos de la geografía española.

Poco a poco, El Ejido y el Poniente fueron recuperando la normalidad que había reinado hasta ese momento y que no ha dejado de presidir las relaciones y la sociedad desde entonces. El Ejido es un cruce de civilizaciones, un lugar de encuentro para gentes de muchas procedencias, que muchas veces ha sido atacado por quienes pretenden sembrar la discordia y en el que hechos como los de aquel mes de febrero de 2000 son excepciones.