El Teatro Comestible brilla con un menú que sabe conjugar modernidad e historia con el Castillo de Guardias Viejas de escenario

Durante la cena en el Castillo de Guardias Viejas los comensales sufrieron un ataque pirata. /I. A.
Durante la cena en el Castillo de Guardias Viejas los comensales sufrieron un ataque pirata. / I. A.

La música, el arte teatral, los efectos luminosos y la calidad gastronómica de La Costa hicieron que los asistentes se sumieran en un espectáculo que hizo vibrar todos los sentidos

INMACULADA ACIÉN El Ejido

El pasado viernes por la noche llegó una de las citas más esperadas en los últimos años, el momento en el que disfrutar con todos los sentidos y en esta quinta edición el Teatro Comestible volvió a sorprender.

En un entorno único como el patio de armas del Castillo de Guardias Viejas, con un espectáculo de luces de gran calidad y pequeñas piezas teatrales que dieron vida de nuevo a sus paredes, solo quedaba dejarse llevar y disfrutar de un menú gourmet, que servido por La Costa, Estrella Michelín, no podía ser sino sinónimo de calidad y sorpresas para el paladar.

Alrededor de las nueve de la noche comenzaron a llegar los asistentes que pudieron disfrutar primero de la puesta de sol y el comienzo de la velada con una cerveza Punta del Este desde el patio de artillería y la música del compositor y saxofonista Juanma Linde, para luego comenzar a ocupar sus asientos y dejarse llevar por la magia del momento.

Con el primer aperitivo llegó el primer guiño al entorno, 'Quisquillas a la piedra del moro', para continuar homenajeando a la tierra con una fusión almeriense entre berenjena y atún. El menú gourmet continuó con 'Huevo y caldo untuoso', antes de cederle el protagonismo a los comensales que tuvieron que recrear el mar de Guardias Viejas con pinturas alimentarias y elementos del mar, en un divertido concurso que finalizó colocando en el centro de los platos un suave y jugoso tronco de merluza. La presa fue la carne elegida para cerrar el menú, en un plato que encantó a los asistentes.

Sorpresas

Tampoco faltaron las sorpresas como las piedras comestibles que formaron parte de la decoración de las mesas o las nubes de frutas de la pasión, entre otros.

Entre plato y plato los asistentes pudieron disfrutar de cuatro píldoras o microteatros por parte de la compañía ejidense Peparraca Mansa.

Pequeñas obras teatrales que recrearon la historia del Castillo, con una historia de amor, que acabó en tragedia tras el desembarco de los piratas, que secuestraron a la dama, que ante la muerte de su amado se lanzó desde lo más alto del castillo al patio de armas, ante la atenta mirada de los asistentes. Tampoco se perdieron la velada las ánimas en pena. Provistas de candiles, túnicas negras y máscaras blancas crearon un tétrico ambiente de tinieblas que rápidamente rompieron los maravillosos postres con los que se puso fin a la velada, antes de dar paso a las copas, momento que Juanma Linde amenizó con temas de soul, funk y jazz.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos