«Siete meses como siete años, ha sido muy duro»

«Siete meses como siete años, ha sido muy duro»
  • «Ha sido muy duro. Han sido siete meses pero me han parecido como siete años. Yo no conozco cómo son las cárceles en España pero en Marruecos son un auténtico infierno».

Claro y contundente y buen conocedor de que lo que ha sufrido no puede ni debe caer en el olvido, Antonio López, un camionero de Santa María del Águila en El Ejido, relataba a IDEAL en la tarde noche de ayer el verdadero calvario que ha supuesto para él y para su familia, pasar siete meses con sus correspondientes noches, y sus correspondientes días, preso en una cárcel de Tánger. Y todo a pesar, de ser inocente.

Porque de camino en el AVE Málaga-Madrid y vía telefónica, ya que como él mismo aclaraba, «voy al programa de Ana Rosa porque me han llamado y quiero seguir en la lucha porque lo que quiero es que se sepa qué ha ocurrido», y como añade además, «porque pienso reclamar al gobierno marroquí y al español una indemnización por todos esos meses que he pasado en una cárcel siendo inocente, habiendo salido ahora en libertad y sin cargos, Antonio vuelve a hacer de tripas corazón y contaba a este diario cómo el 8 de noviembre de 2012 su vida daba un giro inesperado y durante un viaje a Tánger como turista, «simplemente iba a ver a unos amigos, y precisamente también para ver si había trabajo», le detuvieron antes de subirse al barco «y tras pasar un día entero y una noche allí, porque me acusaban de ser el jefe de una banda internacional de narcotraficantes».

Pero todo se remonta a febrero de 2012 cuando uno de los trabajadores marroquíes de la empresa de transportes de maquinaria de construcción para la que Antonio trabajaba, es detenido en la aduana de Tánger «con 100 kilos de hachís», señala. Como él mismo dice, «yo he pasado siempre sin problema», de hecho así lo hizo durante los nueve meses siguientes pero al conocer la noticia de esa detención, «dejé la empresa porque no me gustaba lo que veía, no me fiaba, ese chofer que detuvieron solo trabajaba en Marruecos así que me fui del trabajo». De hecho, al poco tiempo comenzó a trabajar para otra empresa de cámaras frigoríficas por Bélgica, Italia... Y en noviembre decido ir como turista a Tánger, sin camión ni nada, y me detuvieron».

Lo siguiente que supo es que se le acusaba de ser el jefe de una banda de narcotráfico y desde ahí «estuve de comisaría en comisaría y después a la cárcel, donde he permanecido siete meses de mi vida, hasta que al fin el 28 de mayo se celebró el juicio y el que me había acusado reconoció que había mentido porque le habían ofrecido dinero por hacerlo», detalla. Sin embargo, todo ese tiempo fue para él un auténtico infierno. «Yo preguntaba quién me acusaba de ser el jefe de una banda narcotraficante, pedía que se produjera un careo, pero me daban largas, me decían que lo habían trasladado a otra cárcel y que no sabían ni dónde estaba, incluso quisieron celebrar mi juicio sin que él estuviera presente», recuerda notablemente afectado. Mientras tanto, hasta dos visitas recibió estando preso de un abogado marroquí que «primero me pidió 100.000 euros para poder salir de allí, y después a los tres meses 50.000, pero yo no entendía nada, yo solo era un chofer de camión, no era jefe de ninguna banda de nada». Y es que como apunta, «allí solo hay corrupción, todo funciona con dinero, no existe la justicia, no hay leyes, es una dictadura».

Enfermo de corazón, Antonio no puede evitar emocionarse aún cuando recuerda todo lo que ha vivido. «Si tardo un poco más en salir no sé qué habría pasado, lo mismo no lo estaría contando», dice. Porque en Tánger tuvo que ser trasladado al hospital estando preso hasta en dos ocasiones «primero porque se me inflamó el corazón y después por un problema de pulmón por los humos y demás que respiraba en la cárcel». De ella, de la prisión, este ejidense solo puede decir una cosa, «es una pesadilla, un infierno». Los reclusos «tirados por el suelo» sin ningún tipo de cuidado por la limpieza o la higiene, «no había aseo, simplemente agujeros en el suelo de los que salían ratas enormes, por eso no se podía beber agua, solo embotellada, y además la tenían cortada todo el tiempo».

Ahora, en casa y con su familia, Antonio solo quiere que su caso «se conozca en Europa, que no vendan que vayamos ni de turismo ni a trabajar a Marruecos porque primero debe haber garantía de justicia y democracia para que esto nunca pase». Ahora insiste, es turno de su lucha.