Un largo camino para llevar la sonrisa desde El Ejido a escolares de Sudáfrica

Los ocho alumnos que forman parte de la expedición a su paso por Dubai, camino de Sudáfrica/I. A.
Los ocho alumnos que forman parte de la expedición a su paso por Dubai, camino de Sudáfrica / I. A.

Ocho alumnos del SEK Alborán participan en una expedición solidaria en el poblado de Qolweny

INMACULADA ACIÉN El Ejido

Todos vemos por televisión o en internet cada día ese mundo diferente que es el que se vive en muchos países de África y en otros muchos sitios del mundo. Imágenes de pobreza, de gente que vive con apenas nada y que a veces a algunos les lleva a sacar su lado humano y solidario y poner su granito de arena para intentar que esa situación sea más llevadera para esas personas. Pero la realidad, vista y vivida desde lejos, parece menos real.

Conocer esa realidad de primera mano, vivir esa experiencia en propia piel y conocer el día a día de esas personas compartiendo con ellos, se convierte en un hecho que marca a quien lo vive y que suele cambiar su forma de percibir la vida.

Eso es lo que han vivido ya muchos alumnos del colegio SEKAlborán desde que comenzase a rodar el proyecto SEK for Siyakula y que en estos momentos están empezando a vivir ocho jóvenes estudiantes de primero de Bachillerato este colegio ejidense, ya que después de iniciar una larga travesía el pasado miércoles desde Almería, que les ha hecho pasar por Madrid, Dubai, Ciudad del Cabo y Plett hoy llegan finalmente al poblado de Qolweni, en Sudáfrica, donde desde hoy y durante varios días compartirán su tiempo y su trabajo con los habitantes de este lugar y con los pequeños del colegio Siyakula.

Mari Carmen Jiménez, Emilio López, Víctor Domene, Laura Sánchez, Nerea Pérez, Yannik Vedder, Marina Martín y Alba González son los estudiantes que este año han viajado junto a la profesora Caroline Sánchez, precursora de la colaboración del colegio SEK con la escuela de Siyakula junto a su hijo Alexander Sánchez, ex alumno además del colegio ejidense.

Un proyecto integral

Un proyecto que nació hace seis años y que cada edición va creciendo y ayudando a que los pequeños de Siyakula puedan disfrutar de una mejor educación, más seguridad y medios.

«Mi hijo, que es biólogo, fue allí porque quería ver la zona y le gustan los animales marinos. Se fue como voluntario con Orca Foundation. Una vez allí, una vez a la semana subían al pueblo de Qolweny para ayudar a los niños. Cuando regresó nos propusimos colaborar con ellos ya que teníamos el contacto. El primer año fuimos él y yo solos. El segundo año ya fueron también cuatro estudiantes. En esta cuarta edición ya son ocho los que viajan», explica Caroline Sánchez.

En este tiempo el objetivo siempre ha sido contribuir a mejorar las instalaciones, las condiciones en que se dan las clases y la educación de esos 120 niños. Así, se llevó a cabo la reparación del techo, se colocaron placas solares para abastecer al centro de agua caliente, se construyó una valla para mejorar la seguridad de los menores y el año pasado se plantó además un huerto de verduras. Pero también trabajan la parte educativa, con material escolar, libros, ordenadores e incluso un proyecto que compraron el año pasado. El proyecto para este año está enfocado en la salud, ya que se llevarán a cabo pruebas de visión entre los menores para detectar si alguno necesita gafas y se les fabricarán.

Una experiencia impactante

Una de las alumnas que hizo este viaje el pasado año es Cinta Garrido, estudiante de segundo de Bachillerato. «Decidí apuntarme a esa experiencia porque me parecía muy impactante viajar a Sudáfrica, estar con los niños, con un nivel de vida bastante más inferior al nuestro. Ir es una experiencia increíble, porque vives allí y los ves en su día y día», explica Cinta, al tiempo que añade que su reflexión tras el viaje es que « allí son mucho más felices que nosotros con lo poco que tienen porque valoran todo mucho más. Yo ahora valoro mucho más lo que tengo, te das cuenta de la suerte que has tenido de nacer aquí y de tener todo lo que tienes, tanto las oportunidades como la familia. Te hace ver las cosas de otro modo».

El grupo con el que viajó Cinta Garrido estuvo cuatro días yendo al colegio Siyakula. «Uno de los aspectos en el que ayudamos fue en la comida y me impactó mucho que los viernes, el colegio prepara mucha comida y se la entregamos a todo el pueblo. Ver cómo se está acabando la comida y aún hay un montón de gente en la fila esperando que le dieras más y no tenías para darles, te impacta mucho. Además, ayudamos a plantar un huerto, hicimos skype con los chicos del colegio, hicimos una fiesta de Pascua, les compramos un montón de botes de pompas y se les veía súper felices, les enseñamos bailes de aquí y ellos también nos enseñaron canciones y bailes de allí», comenta esta estudiante. En definitiva, «un viaje muy largo pero que merece la pena».

El poblado de Qolweny es un poblado pobre, con mucho paro y viviendas precarias, hechas en su mayoría de cartón. Por eso, además de ayudar al colegio, también se intenta ayudar a la propia comunidad.

La emoción y la ilusión por lo que van a vivir se deja ver en las caras de estos ocho jóvenes que están empezando su aventura. Mari Carmen Jiménez se mostraba expectante días antes de marcharse «Este año toca el viaje, la última etapa del proyecto y cuando te das cuenta realmente de todo el trabajo que has hecho y el dinero que has recaudado a qué se destina. Estoy súper ilusionada y preparando la maleta en la que muchas de las cosas que me llevo las dejaré allí para que las utilicen».

A diferencia del resto, para Víctor Domene no es su primera experiencia solidaria puesto que ya ha colaborado con alguna oenegé llevando ayuda un colegio, un hospital y un poblado del norte del Sáhara.

Recaudación de fondos

Entre las numerosas actividades que se desarrollan durante el año en el SEK para recaudar dinero que posteriormente destinar a este proyecto se encuentra la cena benéfica, de la que este año se ha cumplido su tercera edición y que permitió recaudar en torno a 4.000 euros, la elaboración de productos de merchandising, una tómbola, puestos de muffins o el calendario patrocinado por los padres, entre otros.

Todas estas iniciativas que organizan los estudiantes de cuarto dentro de su proyecto personal, son los que permiten que los alumnos que viajen lo hagan con las manos llenas de ayuda.

Proyectos para este año

Los alumnos que se encuentran en Qolweny recibirán un entrenamiento para realizar un triaje ocular a los alumnos de Siyakula, con el fin de detectar problemas de visión. Los que puedan tener problema pasarán posteriormente por la consulta de un profesional de Plettenberg Bay. Una iniciativa que tiene como objetivo prevenir problemas visuales que puedan dificultar el aprendizaje y desarrollo del alumno. Asimismo, en las maletas de los estudiantes ejidenses llevan un regalo especial para los alumnos de Siyakula como son unos abanicos que los estudiantes han elaborado junto a los alumnos de Primaria del centro con mucho cariño.

 

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