Kiti Mánver recrea una historia de amor irracional a golpe de corazón

Kiti Mánver recrea una historia de amor irracional a golpe de corazón

Un espectáculo que mezcla la interpretación con la música y la danza para expresar sentimientos de una manera magistral

INMACULADA ACIÉN El Ejido

El amor es bonito pero los sentimientos que despierta a veces se convierten en oscuros llevando a los protagonistas de esa bella historia hasta límites insospechados y a vivir emociones que dañan su salud incluso hasta el punto de la muerte.

Esta es la tragedia que el viernes por la noche se pudo vivir y sentir en todo su esplendor en el Teatro Auditorio de El Ejido, protagonizada por Kiti Mánver y Chevi Muraday, en el marco del 41 Festival de Teatro de El Ejido, que precisamente anoche echó su telón definitivo hasta el próximo mes de mayo.

Con sensible, Mánver acercó a los espectadores la historia de amor entre una mujer mayor y un jovencito, oculta aparentemente a los ojos de la sociedad, que por momentos hace rebosar al alma de felicidad y por momentos lleva al sufrimiento más extremo, un amor que duele y mucho.

Un escenario sobrio a la vez que elegante, sin demasiados elementos que distraigan la mirada del espectador, con un largo diván en el centro a modo de cama, sobre una plataforma que no para de girar y que representa el paso del tiempo. Un reloj que no deja de correr, pero que en función de las emociones y de los estados de ánimo gira más rápido o más lento, y que incluso los protagonistas intentan hacer girar más rápido en determinados momentos, por esa necesidad de que pase el tiempo.

Un escenario provisto de unas cortinas que tapan unas ventanas imaginarias que incluso en un momento del espectáculo Mánver arranca desesperada como se encuentra por la falta de noticias o más bien por las noticias negativas que cree recibir.

En este sentido, la obra se desarrolla en el Nueva York de los años de los años 50. Kiti Mánver interpreta el personaje de Constance de Salm, una mujer mayor, pintora de éxito, que justo cuando ha decidido compartir su vida con un adinerado caballero, el señor Duglas, conoce inesperadamente a su sobrino veinteañero y el amor surge como una llamarada entre ambos. Ella rechaza la propuesta de matrimonio y comienzan una tórrida relación amorosa en el más absoluto secretismo, puesto que si su relación sale a la luz, el joven puede perder la herencia millonaria de su tío y su posición social.

Se encuentran a escondidas y sobre todo se escriben cartas. Cada día, desde hace seis meses, lo primero que hace Constance es escribirle una carta a su amado en la que desgrana sus sentimientos, en la que le abre su pecho y su alma, y a la que cada día recibe respuesta.

Sin embargo, una noche, después de un espectáculo cultural, el joven se marcha con la señora Turner ante la mirada sorprendida y dolida de Constance.

Es en ese punto donde arranca realmente la historia. Tras una noche de pesadillas, de miedos, de angustias pensando donde estará su amor, se despierta llena de optimismo. Pero la carta que cada día escribe, esa mañana no encuentra a su destinatario. No está en casa, se marchó de madrugada de su casa con una señora. El desencadenante de un torrente de sentimientos, de subidas y bajadas de ánimo, aparecen los celos, donde la pasión se impone a la razón y donde la sobra de la duda, a pesar de que intenta resistirse, la toca y la derriba.

Y es que como dice la propia Constance «no somos capaces de confiar en la mirada del otro, tenemos que mirar desde la mirada del otro».

En esa búsqueda a una explicación de lo que está sucediendo, Constance tira de la ayuda de Alfred, un amigo de la artista que está perdidamente enamorado de ella desde hace ya más de un año y que vive el mismo tormento que Constance pero desde hace más tiempo. Los sentimientos de Alfred se expresan a través de la danza, con una coreografía que se entremezcla con la interpretación de manera magistral.

Es él el que la arroja a un final dramático después de descubrir que después de tanto tiempo no hay esperanza para él. Una carta que no llega a las manos de Constance, después de tantas enviadas, es la causante de que su historia de amor termine en un trágico final, porque hay heridas que no se pueden cerrar, ni las del alma ni las de las venas que se corta para dejar de sufrir.

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