Comidas solidarias para llegar a fin de mes

Luis Óscar Faria, usuario del servicio de Comidas Solidaria desde hace tres años, cuenta con numerosas aficiones entre las que destaca la de coleccionar monedas del mundo./I.A.
Luis Óscar Faria, usuario del servicio de Comidas Solidaria desde hace tres años, cuenta con numerosas aficiones entre las que destaca la de coleccionar monedas del mundo. / I.A.

Este proyecto, que se enmarca en el Plan de Solidaridad y Garantía Alimentaria, ayuda en un aspecto básico como es la alimentación a muchas familias necesitadas. La FAAM arranca ahora una nueva edición de este programa en la línea de mayores de 65 años

INMACULADA ACIÉNEL EJIDO

Haced tan sólo unos días que arrancó una nueva edición del programa de Comidas Solidarias que desarrolla la Federación Almeriense de Asociaciones de Personas con Discapacidad (FAAM). Un proyecto que se enmarca en el Plan de Solidaridad y Garantía Alimentaria de la consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía y que alcanza ya así su cuarta edición.

En este sentido, es un proyecto que cuenta con dos líneas de actuación, una dirigida a personas menores de 65 años con dificultades de inserción social y otra que está pensada para mayores de 65 años con dificultades de inserción.

Así, este proyecto de Comidas Solidarias que desarrolla FAAM tiene como objetivo principal atender las necesidades nutricionales y alimentarias de personas tanto mayores como menores de 65 años. Sin embargo, lo que se consigue con este proyecto va mucho más allá.

«Con las comidas solidarias también cumplimos con el objetivo del seguimiento que hacemos a los propios usuarios desde el punto de vista social, sobre todo de aquellos que viven solos», señalan desde FAAM.

En esta línea, desde la Federación Almeriense de Asociaciones de Personas con Discapacidad apuntan que «a través de los repartidores de comidas y del propio trabajador social en el seguimiento del proyecto, a veces detectamos situaciones que trasladamos a través de informes a los servicios sociales comunitarios». Por otra parte, en los usuarios de mayor edad también se consigue con este programa evitar su institucionalización en centros de día o residencias.

Por otra parte, los menús, elaborados por la FAAM, cuentan con primer plato, segundo plato, guarnición y postre, y llegan a los domicilios de los usuarios a través del servicio de transporte adaptado de la entidad.

En el caso del municipio ejidense , el reparto de las comidas se realiza a través de la Asociación Murgi. Un reparto en el que destaca que las personas empleadas son personas con discapacidad, con lo que se consigue también la inserción laboral de este colectivo.

Bolsillos vacíos

Uno de los usuarios del programa de Comidas Solidarias para mayores de 65 años en El Ejido es Luis Óscar Faria. Un hombre de 75 años que participa en este programa desde hace tres ediciones y que gracias a este programa puede comer cada día y además con un menú adaptado a las condiciones médicas que marcan los facultativos.

Cuando regresaron en 2014 de Argentina a El Ejido, donde tenían residiendo a dos de sus hijo, y después de haber vivido varios años en Almería, fue cuando Luis conoció la existencia de este programa. Con más de 70 años y pese a toda una vida dedicada a trabajar duro como carpintero, su situación económica era complicada ya que con la crisis los negocios no le fueron bien.

Comenzó siendo usuario de este servicio junto a su esposa, que lamentablemente falleció hace más de año. «Cuando nos traían los dos menús, como comemos poco, nos comíamos uno entre los dos a mediodía y el otro por la noche», comenta este ejidense, quien afirma que para él «es una ayuda muy grande, porque gracias a este programa y a la ayuda de mi hijo consigo llegar a final de mes».

En este sentido, Luis reconoce que vive con muy poco dinero, que no le da ni siquiera para pagar el agua y la luz, servicios que le ayudan a pagar desde el Centro de Servicios Sociales Especializados de El Ejido. De hecho, la vivienda en la que reside es de su hija, que tuvo que marcharse a Alemania con la familia en busca de trabajo, después de quedarse el matrimonio en paro. «Esta vivienda está embargada ya por el banco, así que soy consciente de que en cualquier momento vendrán a echarme a la calle, pero es algo en lo que prefiero no pensar ahora, cuando llegue el momento ya buscaré una solución», explica Luis con la pena de tener que dejar una casa que él mismo, como carpintero de profesión, ayudó a amueblar a su hija. Sin embargo y pese a los problemas, Luis afronta la vida con optimismo, una sonrisa en la cara y al ritmo de la música que no deja de sonar en su hogar, porque como él dice, nació el día de la música y la lleva en la sangre.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos