Cinco árboles para recordar

José María López, Francisco Ramírea e Inogabi Manzano. /I. A.
José María López, Francisco Ramírea e Inogabi Manzano. / I. A.

Ayer se cumplieron 25 años de aquel accidente que acabó con la vida de cinco vecinas de El Ejido que subían a la misa del Peregrino de las Fiestas del Santo Cristo de la Luz

INMACULADA ACIÉN El Ejido

Ayer 19 de septiembre se cumplieron 25 años del peor accidente que se recuerda de la historia del Santo Cristo de la Luz. Cinco mujeres de ElEjido que subían como cada año a la Misa del Peregrino murieron atropelladas, mientras que una sexta logró salvar su vida, pese a sufrir heridas de consideración.

Inogabi Manzano, fue encargado de desarrollar el operativo de apoyo al peregrino a través de Cruz Roja, de la que era vicepresidente entonces. Un operativo que además se instaló por primera vez y que contó con cinco puntos fijos formados por tiendas de campaña desde donde se entregaba agua, se disponía de sillas para que la gente descansara, alguna camilla y se ofrecían primeros auxilios. El primero punto se ubicó en Pampanico alto y a partir de ahí se diseminaron por los Atajuelos hasta la gasolinera de la entrada a Dalías. Ese primer operativo constaba de unos 25 voluntarios y una ambulancia medicalizable preparada con tres camillas.

«Pensamos incluso en montar un punto más donde tuvo lugar el accidente, pero estaba muy cercano al centro y pensamos que no era necesario. Lo estuvimos barajando en la preparación del dispositivo, porque ahí había más amplitud de vías, había un descampado y viviendas cerca. Nunca había pasado nada pero ese año a petición del Ayuntamiento de ElEjido se reforzó el servicio», recuerda Manzano, quien añade que «la gente subía a la misa del Peregrino y podía haber 4.000 o 5.000 personas en filas de a cinco por los arcenes. A las seis de la mañana era una serpiente y sobre esa hora fue el accidente».

Desde entonces ha cambiado todo mucho. Aquel año de 1993 no existía aún el 112, el hospital más cercano era el de Torrecárdenas y las urgencias se atendían en el Centro de Salud de Ejido Norte. La autovía no estaba hecha, era nacional. Hoy, a todos estos cambios se suma un mayor despliegue en medios humanos y materiales, un mayor control de las vías, la apertura de senderos para los peregrinos y la prohibición este año ya de circular por la carretera en fin de semana. Una prohibición que, no obstante, se tuvo que suspender por las lluvias caídas que dejaron impracticable el sendero de El Bujo.

«Aquella noche bajábamos por la carretera, yo llegué a ver a dos de las víctimas, que eran mis vecinas, unos 200 metros antes del accidente. Íbamos a repostar gasolina, fuimos a la gasolinera de Góngora de Ejido Hotel y seguimos hacia la Aldeilla», recuerda Inogabi, quien añade que «subiendo por esa vía, uno de los puestos nos llamó diciendo que un coche había tenido un accidente. Nos dijeron que era a la altura de Pampanico bajo, yo fui avisando a los voluntarios que más preparados podían estar, porque no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar y los voluntarios fueron parando vehículos y bajando en vehículos. Cuando llegamos ya estaba la Policía Local y algún voluntario que ya no ejercía como tal pero que paró a ayudar».

En esos momentos podía haber 2.000 o 3.000 personas en un cordón de seguridad de 100 o 200 metros. «La situación fue dantesca. Yo ya les había dicho a cada uno cuál era su trabajo, mirar, recontar las víctimas y empezar a sacar el material para hacer las evacuaciones al Ambulatorio de Ejido Norte. Eran seis víctimas de las cuales cinco fallecieron. El vehículo se salió por la zona donde se empieza a ensanchar la carretera y en vez de salir lineal hacia abajo que podía haber pillado perfectamente a 200 personas, salió trasversal y se llevó dos filas», explica Inogabi.

Pese a que Inogabi conocía a las víctimas, explica que no se dio cuenta de quienes eran hasta que llegó a Torrecárdenas. «Cuando vi a los hijos y familiares, entonces me desmoroné, porque me di cuenta que eran mis vecinas y desde entonces me he tirado muchos años sin subir a Dalías», apunta Inogabi. Francisco Ramírez, el conductor de la ambulancia y voluntario de Cruz Roja, tampoco volvió a subir más durante muchos años. «Para nosotros fue muy duro», confiesa.

Otro de los integrantes de aquel dispositivo fue José María López Rodríguez. «Fue una situación que me marcó, aún se me pone el pelo de punta. Yo estaba haciendo la mili, acababa de llegar. Eso marcó un antes y un después en mi vida. Imágenes que no se me borrarán nunca y de las que te acuerdas como si fuese ahora mismo», cuenta López Rodríguez.

«Estábamos acostumbrados a coger accidentes porque por aquella época los atendía la ambulancia de Cruz Roja pero aquel accidente nos marcó para toda la vida», concluye Inogabi.

Hoy en el lugar del accidente crecen cinco enormes árboles en recuerdo de las víctimas y de lo que allí sucedió.

 

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