«Ser actriz es una forma de vida de la que sólo me bajará la vida misma»

Lola Herrera y Juanjo Artero suben esta noche a las tablas del Auditorio la obra 'La velocidad del otoño'. /Ideal
Lola Herrera y Juanjo Artero suben esta noche a las tablas del Auditorio la obra 'La velocidad del otoño'. / Ideal

Esta noche Lola Herrera junto a Juanjo Artero subirán el telón del Auditorio de El Ejido con ‘La velocidad del otoño’, una obra divertida a la vez que conmovedora

INMACULADA ACIÉN El Ejido

Esta noche, a partir de las 21.30 horas, se levantará el telón del Teatro Auditorio de ElEjido con la puesta en escena de ‘La velocidad del otoño’, una obra divertida, mordaz pero también conmovedora que habla de la fragilidad y frugalidad de la vida y que tiene como protagonista a Lola Herrera en el papel de Alejandra y a Juanjo Artero en el papel de Cris, su hijo.

Alejandra, una artista de 79 años de edad, se enfrenta a su familia por el lugar donde va a pasar el resto de los años que le quedan de vida. A su favor tiene su ingenio, su pasión por la vida y una barricada que ha creado en la puerta de su casa con suficientes cócteles molotov para hundir el bloque entero.

–¿Cuál es el mensaje que quiere transmitir a través de esta obra de teatro?

–No hay una pretensión de un mensaje determinado. Hay una lectura de lo que es llegar a mayor. La gente mayor normalmente está manipulada con el mejor de los sentidos y a lo mejor con todo el cariño del mundo, pero su libertad para tomar decisiones está un poco o un mucho coartada. El mensaje realmente es libertad, libertad y libertad para la gente que está con la cabeza en su sitio y que simplemente es mayor. Alejandra es un personaje muy representativo de ello, que ama la libertad, que siempre ha sido libre y que llega un momento de su vida en la que están coartando su libertad. Protesta con la palabra primero pero como no le hacen caso toma otras decisiones. Creo que es una obra con la que la gente se siente tocada, por lo que hemos comprobado a lo largo de todas las presentaciones que hemos hecho y que ya son casi dos años. Y en esa situación límite que se representa hay humor, protesta, ternura y muchos sentimientos.

–En el día a día en general escuchamos poco, pero ¿se escucha aún menos a las personas mayores?

–Por supuesto, no tengo nada más que añadir.

–¿Y cree que se respeta a las personas mayores?

–Supongo que hablando en general de respecto, se puede decir que es una falta de respeto realmente el no respetar lo que uno desea o coartar la libertad. Que los demás decidan lo que es mejor para uno es una estupidez muy grande y un egoísmo. Es una decisión que toman los demás pero bañada de comodidad y egoísmo para sentirse uno mejor.

–¿Se está perdiendo capacidad de sacrificio y de empatía?

–El amor a los tuyos y la dedicación a los tuyos no tiene que ser un sacrificio tiene que ser una necesidad de uno mismo, de atender a la gente que te ha atendido a ti antes, que ha hecho que echases el cuerpo que tienes, que te ha orientado en la vida. Es un intercambio. Esto de la niñez y la vejez es un intercambio de cosas que tienen que estar bañadas con amor y la necesidad de hacerlas, con la gratitud y la empatía de saber que donde está esa persona mayor, si no te mueres antes, vas a estar. Lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie.

– ‘La velocidad del otoño es una obra que lleva alrededor de dos años subiendo a los escenarios. ¿Cansa interpretar un personaje tantas veces?

–No, porque si no, no estaríamos en esta profesión. Nuestro ejercicio diario es salir al escenario, dejar de ser quien eres para ser otra persona y meterte en una piel cada día, con un público distinto, con un estado de ánimo distinto y encarar cada día como si fuera el primero. Nuestro trabajo es muy serio y delicado, porque jugamos con todos nuestros entresijos, nuestros sentimientos, nuestro corazón y cabeza.

–¿Se siguen sintiendo nervios antes de que se abra el telón después de tanto tiempo?

–No hay nervios y hay mucha leyenda en lo de las mariposas en el estómago. Lo que hay es responsabilidad de centrarte en lo que estás haciendo. En los estrenos sí hay un poco de tensión, porque es la primera vez que te enfrentas al público con ese texto, no sabes la reacción del público porque lo has ensayado a puerta cerrada. Pero una tensión de incógnita, de no saber qué va a pasar. Cuando ya llevas muchas funciones lo que siento es responsabilidad y ganas de hacerlo, como si fuera el primer día.

Emoción como el primer día

–Después de más de medio siglo sobre las tablas. ¿Se sigue emocionando igual que el primer día con cada personaje?

–Por supuesto. Qué haría yo aquí si no fuera vital mi trabajo. La dedicación de toda mi vida a esto ha conformado mi vida. La vida de los actores cuando haces teatro permanentemente y viajas, no es la misma de los demás. Es una vida distinta porque cuando la gente se divierte tú estás trabajando, cuando hay una boda tú no puedes ir, cuando se muere alguien, tampoco. Es una vida especial la nuestra en el mejor y en el peor de los sentidos. No se me ocurre pensar cómo podría ser mi vida sin tener que ir a trabajar y alimentarme de todo lo que se siente ahí. Es una forma de vida de la que no me puedo bajar. Me bajará la vida misma. El tiempo que yo dure tal y como estoy, que estoy fuerte y bien, tengo que hacer lo que me alimenta que es mi trabajo, que me alimenta más que la comida.

–Después de tantos personajes que ha interpretado, ¿hay alguno que le falte?

–Nunca he deseado hacer nada determinado. He ido haciendo lo que me ha llegado en la vida. Lo demás me ha gustado admirarlo pero si lo he visto bien hecho, ya estaba hecho, a otra cosa.

–Le han otorgado muchísimos premios a lo largo de su vida profesional. ¿Hay alguno que no ha recibido y le haría especial ilusión?

–Los premios los valoro en la medida que es un reconocimiento y un empujón y sobre todo porque la gente piensa que eres mucho mejor si te dan un premio. Pero una es la misma antes y después. Lo que me llega lo agradezco pero no pienso en ello.

–¿Qué tiene el teatro para tenerla enganchada durante tanto tiempo?

–Para mi tiene unos alicientes de vida muy importantes. Es terapéutico, puedes ser muchas mujeres a lo largo de tu vida, puedes meterte en la piel de tanta gente que aprendes mucho de tus personajes, te acercas a ellos, los conoces y te quedas con algo de todos ellos. Es una profesión enriquecedora, terapéutica y en la que no tiene fin el aprender, y eso es muy interesante. Esto es como si cada día empezases y eso es muy nutritivo.

–¿Qué mensaje les daría a todos los que esta noche vayan a su espectáculo?

–Que lo va a pasar muy bien. No les digo que presten atención porque lo van a hacer y es muy evidente lo que pasa en la trama de la obra. Que cada uno se lo lleve y lo aplique lo más pronto posible.

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